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sábado, 9 de junio de 2012
Plantando iglesias (5): ¿Cómo identificar la iglesia del Señor?
Lección 5
Cómo
identificar la Iglesia del Señor
Nuestro tema es, Cómo iniciar la Iglesia de Cristo en donde
se encuentra. Si usted vive cerca de una congregación de la Iglesia del
Señor ¡es maravilloso! Pero si usted vive en algún área donde no existe la
iglesia, se necesita una allí. O si usted tiene que mudarse a un lugar donde no
se encuentra la iglesia, necesita establecer una allí. Usted puede ser la
persona que la inicie. Piense conmigo mientras consideramos muchas cosas que
pueden conducirlo a esto.
Para
ayudar a profundizar el conocimiento, consideremos en este momento como identificar la Iglesia del Señor.
Queremos dejar muy en
claro que usted puede definitivamente leer sobre la iglesia en la Biblia. No
solamente esta allí, sino que puede ser identificada con absoluta claridad. Existen
marcas de identificación que la distinguirá de los otros grupos religiosos. Por
ejemplo, si usted es miembro de alguna iglesia, o si ve iglesias alrededor de
usted, tome esas marcas de identificación que se encuentran en la Biblia y compárelas con la iglesia o la iglesia de
alguien más para determinar si es la
Iglesia de Cristo o una imitación.
Quizás quiera saber que diferencia hay entre ser miembro de una iglesia u otra. Quizás piensa
que la iglesia no es importante, que no salva, y que alguien puede ir al cielo
sin ser miembro de alguna iglesia. Eso suena bien y razonable, pero no lo es. ¿Por
que tendría el Señor que construir una iglesia, aun dar a Su vida por ella, si
no fuera importante, si una iglesia es tan buena como otra? Es verdad, la
iglesia no es el salvador porque la iglesia esta conformada de los salvos, pero
ya que Cristo es el Salvador de la iglesia, significa que una persona debe ser
miembro de la iglesia que Cristo para ser salva e ir al cielo.
Vayamos directamente
a la Biblia y estudiemos algunas de las marcas que identifican a la iglesia.
Habrá muchas que usted podrá ver.
Los profetas de Dios
hace mucho tiempo atrás hablaron de los días en que el Señor establecería Su
reino o iglesia. Isaías dijo, “Acontecerá en lo
postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como
cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas
las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al
monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y
caminaremos por sus sendas. Porque de Sión saldrá la ley, y de Jerusalén la
palabra de Jehová”. (Is. 2:2,3)
Joel habló estas
palabras, “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre
toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos
soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los
siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días” (Joel
2: 28,29)
Luego Daniel agregó,
“Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un
reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo;
desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre”
(Dn. 2:44)
¿Qué estaban
diciendo estos profetas de Dios? Estaban hablando del momento en que se establecería el Reino
Espiritual de Dios o la iglesia. Ésta seria edificada en Jerusalén y desde allí
la palabra de Dios se esparciría al mundo entero. Vendría con el poder del
Espíritu y nunca seria destruida, sino que permanecería para siempre. Esto se
cumplió en Jerusalén (Hch. 2) cuando se estableció la Iglesia a través de la
dirección del Espíritu Santo y desde allí el evangelio fue llevado al mundo.
Aquel día se edificó la iglesia, ha
existido y se mantendrá por siempre.
Jesús dijo que Él construiría Su
iglesia (Mt. 16:18), y así lo hizo con la ayuda de los apóstoles. Él había
prometido enviar al Consolador, o Espíritu Santo, sobre ellos para y guiarlos a
la verdad (Jn. 16:13). Justo antes de que retornara al cielo con el Padre, les
dijo, “No os toca a vosotros saber los tiempos o las
sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder,
cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en
Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. (Hch.
1: 8) Y así fue.
Leemos en Hechos 2
que la iglesia fue establecida en la ciudad de Jerusalén. Como mencioné
anteriormente, los profetas de Dios habían nombrado a la ciudad de Jerusalén como
el lugar donde sería establecido el Reino del Señor o Iglesia. Se dijo también
que la palabra del Señor saldría desde esta ciudad. Cristo dijo a Sus apóstoles
“Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo
padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su
nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones,
comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas”
(Lc. 24: 46-48) Después que Pedro y los apóstoles predicaron a un gran número
de personas en Jerusalén, y que estas preguntaron que deberían hacer, Pedro les
dijo, “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros
en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del
Espíritu Santo” (Hch. 2: 38). Aproximadamente tres mil personas
obedecieron y el Señor añadió los salvos a Su iglesia.
También leemos en
Hechos 2 que el evangelio fue predicado por primera vez que la
iglesia de nuestro Señor fue establecida en el primer Pentecostés después de la
resurrección de Cristo. Pentecostés se celebró
el primer día de la semana y ocurrió aproximadamente en el año 33 d.C.
Los apóstoles
recibieron el poder del Espíritu Santo para guiarlos en toda la verdad,
haciendo posible que realizaran milagros para convencer a las personas que ellos
eran de Dios, y para hablar en lenguas a las personas reunidas allí (Hch. 1: 8;
Hch. 2: 1-4, 9)
La iglesia fue
constituida por los salvos, debido a que Cristo añadió los salvos a la iglesia (Hch
2: 42, 47). Como tal era el cuerpo espiritual de Cristo, con Cristo mismo como
su cabeza. Hablando de Cristo, Pablo dijo, “y él es
la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito
de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Col. 1:18). También, lea Ef. 1: 22, 23 y Ef.
5: 23.
La iglesia fue
comprada con la sangre de Cristo, Pablo
dijo a los ancianos de la iglesia de Éfeso, “Por
tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha
puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su
propia sangre” (Hch. 20:28). Luego en otra ocasión, él dijo, “porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es
cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador” (Ef. 5:23). Si Cristo murió por la iglesia, y
Él es su salvador, eso quiere decir que Cristo le atribuyó a ésta una gran importancia.
Se dice que Cristo
es el fundamento de la iglesia. Después de que Pedro y los apóstoles confesaron
que Él era el Hijo de Dios, Cristo respondió diciendo que iba a edificar Su
iglesia sobre la verdad o la roca, la roca era Él mismo (Mt. 16:18). Pablo
dijo, “Porque nadie puede poner otro fundamento que
el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Co. 3:11). Pedro
se refirió a Cristo como la piedra angular (1 P. 2: 1-8).
Tanto la iglesia
como sus miembros llevan el nombre del Señor. La salvación no esta en ningún
otro nombre (Hch. 4:12). Al referirse a las congregaciones que conforman la
iglesia, estas son llamadas iglesias de Cristo (Ro. 16:16) La iglesia es
conocida como la iglesia del Dios (Hch. 20:28) y con otros nombres descriptivos
que honran al Señor. Sus miembros son llamados cristianos (Hch 11: 26; 26: 28;
1 P. 4: 16).
Las condiciones para
ser admitido se declaran una y otra vez en el libro de Hechos, al leer los diferentes casos de conversión.
Al escuchar el evangelio, las personas creyeron en Dios y en Cristo, se
arrepintieron de sus pecados, confesaron a Cristo como el Hijo de Dios, y
fueron bautizados para el perdón de sus pecados (Hch. 2: 38; 2: 47).
Como cristianos,
ellos adoraron al Señor, permanecieron fieles a Él con la promesa que Cristo
volvería un día por Su iglesia (Ef. 5:27; 1 Tes. 4: 15-18).
Vemos así que la
iglesia puede ser identificada con claridad en las Escrituras. ¿Cómo puede
ubicar la iglesia del Señor hoy? Usando estas mismas marcas de identificación.
Una iglesia puede proclamar ser del Señor, pero si no tiene estas marcas, no lo
es. Si no hay una congregación de la iglesia en donde esta, usted puede empezar
una enseñando la palabra de Dios y convirtiendo a otros.
jueves, 7 de junio de 2012
Plantando iglesias (4): ¿Como obedecer el evangelio?
Lección 4
Cómo
obedecer el Evangelio
Como sabe, estamos
estudiando una serie de lecciones sobre
Cómo iniciar la Iglesia de Cristo en donde se encuentra. Queremos que sepa
sobre la salvación y sobre la iglesia a la cual el Señor le añadirá cuando le
obedezca. Si se encuentra cerca de una congregación de Su iglesia queremos
animarle a ser parte de esa congregación, pero si vive en una ciudad, villa o
algún lugar donde no existe, entonces queremos decirle cómo puede empezar una
iglesia allí.
En
esta lección estudiaremos cómo obedecer
el Evangelio. ¿Sabe usted siquiera qué es el Evangelio? Muchas personas no.
Entonces, ¿cómo pueden obedecer el evangelio si no conocen qué es? No pueden, y
esa es la razón por la cual nosotros estamos invirtiendo nuestro tiempo para discutir
el evangelio y cómo obedecerlo.
Primero,
pensemos lo que es el evangelio. Es un termino que usamos a cada momento, pero
cuan bueno es hablar sobre “el Evangelio” si no conocemos lo que este
significa. La palabra evangelio se define como las buenas nuevas o las buenas noticias. El apóstol Pablo dijo, ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito:
¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian
buenas nuevas! (Ro. 10: 15) ¿Por qué el evangelio es la buena nueva? Es la buena nueva porque se
trata de la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo. Pablo escribió a
los cristianos en Corinto, “Además os declaro,
hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el
cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que
os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente
os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados,
conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día,
conforme a las Escrituras” (1 Co. 15: 1-4)
¿Cómo
podría la muerte, sepultura y resurrección de Cristo ser buena nueva? Son buenas nuevas porque Cristo murió por
nuestros pecados. Él murió para que pudiéramos ser salvos, y murió para que
pudiéramos tener la esperanza de la vida eterna. Pero Él no solo murió y allí
termino todo. Podemos ser salvos de nuestros pecados porque Él resucitó de la
tumba para probar que Él era el Hijo de Dios y que tenía el poder de salvar al
hombre de sus pecados. Pablo también dijo, “Mas Dios muestra
su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por
nosotros” (Ro. 5: 8). Después Pedro declaró, “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el
madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la
justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P. 2: 24).
Existen
algunas otras escrituras que debaten y afirman la muerte, sepultura y
resurrección del Señor, ¿pero como puede eso salvarlo a usted y a mi? Primero, debemos creer en él. Debemos creer
que Cristo es e Hijo de Dios y que murió, fue sepultado y resucitó de la tumba. A menos que creamos esto
no podremos ser salvos. Cristo mismo dijo,“Por eso os dije
que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros
pecados moriréis” (Jn. 8: 24).
Pero podemos creer esta verdad toda nuestra vida y
aun estar perdidos, porque no es suficiente simplemente creer. No solamente
debemos creer en el Evangelio, sino debemos obedecerlo. ¿Cómo puede una persona
obedecer el evangelio? Mientras
continuamos leyendo las escrituras se nos dice que hay mandamientos
relacionados con el evangelio. Primero,
debemos escuchar el evangelio. Por
eso Cristo ordenó a Sus discípulos que
fueran al mundo y predicaran el evangelio a toda criatura (Mc. 16: 15) Pablo
dijo que la fe viene por el oír la
palabra de Dios (Ro. 10: 7). Y por supuesto es lo que estamos haciendo ahora.
Estamos estudiando la palabra de Dios, estamos escuchando el evangelio para que
podamos saber qué es. Luego, debemos
creer en el evangelio. Cristo dijo, “El que creyere y
fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado”
(Mc 16: 16). El escritor de Hebreos dijo que sin fe es imposible agradar a Dios
(Heb. 11: 6).
Después viene el
mandato del arrepentimiento. Eso
simplemente significa que uno debe dar la espalda al pecado o dejar de hacer
aquellas cosas que son malas o incorrectas. Si uno quiere ser libre de sus
pecados debe estar dispuesto a arrepentirse. Cristo dijo que debemos
arrepentirnos o pereceremos (Lc. 13: 3) Pablo proclamó que Dios ha ordenado a
todos los hombres en todo lugar que se arrepientan (Hch. 17: 30). Pedro dijo a
un gran numero de personas que deberían arrepentirse y ser bautizados para la
remisión de sus pecados (Hch. 2: 38).
Después del
arrepentimiento viene la confesión,
es decir. Uno debe confesar con la boca
que Jesucristo es el Hijo de Dios. El Señor quiere que se registre que
la persona cree que Cristo es el Hijo de Dios. Si se avergüenza del Señor o se
niega a confesarlo, entonces no podrá salvarse. Cristo dijo que si lo
confesamos ante los hombres Él nos
confesará ante el Padre en los cielos (Mt. 10: 32). Pablo dijo que debemos
confesarlo para salvación (Ro. 10: 10). Felipe le pidió al etiope que confesara
que Cristo es el Hijo de Dios si quería ser bautizado (Hch. 8: 37).
Y finalmente, uno
debe ser bautizado, o sepultado en agua, para que nuestros pecados sean
borrados. Cristo dijo, “El que creyere y
fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Mc.
16: 16). Pedro predicó del
arrepentimiento y del bautismo para el perdón de los pecados (Hch.
2: 38). Existen otros muchos pasajes de
las escrituras que nos dicen que el bautismo pone a una persona en Cristo (Ro.
6: 34), y en la iglesia (1 Co. 12:13). Es lo que hace posible un nuevo
nacimiento como se menciona en Juan 3:3-5.
Pero sobre todo, el
bautismo representa la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo: Cristo
murió en la cruz, y el pecador muere a sus pecados; Cristo fue sepultado en una
tumba, y el pecador muere a sus pecados en el agua; Cristo fue resucitado y una persona es resucitada de la tumba
acuática para caminar en nueva vida (Ro. 6: 1-12) ¿No es hermoso? Pablo
entonces explica, “pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos
del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual
fuisteis entregados y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la
justicia” (Ro. 6: 17,18). La doctrina se
refiere la muerte, sepultura y resurrección de Cristo; la obediencia al
evangelio, refiere al pecador como muerto al pecado, es sepultado en las aguas
del bautismo, y después sale de la tumba de agua lo cual se describe como
resurrección. Antes de esto, uno era siervo del pecado, pero después de
culminar con los actos de obediencia, se dice que la persona es siervo de
justicia. Por lo tanto, cuando una persona obedece al Señor proclama su fe en
la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. Eso se hace obedeciendo el
evangelio.
Debido a que una
persona puede obedecer el evangelio,
Pablo dijo que el Señor regresará para tomar venganza sobre aquellos que no
conocen a Dios y no obedecen el evangelio (2 Tes. 1: 7-9) Pedro declaró, “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de
Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no
obedecen al evangelio de Dios?” (1 P. 4: 17). Es obvio que
una persona tiene que obedecer el evangelio para ser salvo e ir al cielo, ya
que estos escritores dicen que el Señor regresará para tomar venganza sobre
aquellos que no obedecen el evangelio y que si el justo difícilmente se salva,
¿Qué podemos esperar si no hacemos ni siquiera un esfuerzo por obedecer al
Señor?
Una vez más, ¿cómo se obedece el evangelio? Las
escrituras nos enseñan que uno debe estudiar la palabra de Dios para conocer la
verdad, o escuchar el evangelio predicado para que se pueda creer en él. Al
escuchar la voluntad de Dios, llegamos a conocimiento de Cristo, quién es Él,
qué hizo, etc., entonces debemos creer que Él es el Hijo de Dios, y que Él
tiene el poder para salvarnos en este mundo y en el mundo por venir. Luego,
debemos arrepentirnos o dar la espalda a todos nuestros pecados. Eso significa
que debemos dejar nuestros malos hábitos y renunciar a hacer cosas que son
malas. Otra forma de declararlo, una persona no puede arrepentirse de sus
pecados y continuar haciendo cosas que se oponen a la voluntad de Dios
deliberadamente. Después de arrepentirse, una persona debe confesar con su boca, desde su corazón, que cree que
Jesucristo es el Hijo de Dios. Seguramente uno no puede esperar que Cristo lo
salve si no cree en Él lo suficiente para reconocer su fe ante otros. Y
finalmente, debe bautizarse o ser sepultado en agua para la remisión de sus
pecados. Cuando una persona hace esto, el Señor lo salva y lo añade a Su
iglesia ¿No es algo simple?
Plantando iglesias (3): La necesidad de la salvación
Lección 3
Usted
necesita ser salvo
Continuaremos nuestra
serie de estudios sobre Cómo iniciar la
Iglesia de Cristo en donde se encuentra. Si usted es cristiano y esta cerca
de una congregación de la Iglesia del Señor, lo animamos a que adore allí. Pero
si se encuentra demasiado lejos para hacer eso, queremos sugerirle que empiece
una congregación donde usted vive.
De
acuerdo con estos pensamientos nuestro énfasis en este momento será sobre el
tema, Usted necesita ser salvo.
Si
usted ya es salvo, entonces por supuesto no me estoy dirigiendo a usted; es
decir, a menos que piense que es
cristiano pero en realidad no lo es. Hay
mucha gente así. Les han enseñado que Cristo es el Hijo de Dios, han llegado a
creer eso, y después les dicen que
debido a su fe en Cristo son salvos. A otros les han dicho otras cosas que
indicarían que son aceptables al Señor. En esta lección esperamos ser capaces
de mostrarles con la Biblia lo que una
persona debe hacer para obtener la salvación. Una vez que conozca eso, usted
podrá comparar lo que hizo con la voluntad de Dios para ver si es salvo o no.
Si usted simplemente piensa que lo
es, pero en realidad no lo es, entonces lo animaría a ser lo suficientemente
honesto consigo mismo y con Dios para actuar de acuerdo con la verdad que aprende, para así poder ser
salvo.
Todas
las personas vienen al mundo sin pecado. Durante los primeros años de su vida
no son considerados responsables de sus acciones. Aun las leyes de nuestro país
no castigarían a los niños por sus fechorías durante este lapso juvenil de sus
vidas. Pero al llegar a una edad en que conocen lo bueno y lo malo, a la vista
de Dios se convierten en pecadores. El pecado se define como la”marca de la perdición”
o”el rompimiento de la ley” (1 Jn. 3: 4). Una vez que uno se vuelve pecador se
pierde y necesita ser salvado o perdonado
por sus pecados. Cabe señalar la justicia y bondad de una persona no le
pueden salvar (Ef.2: 8,9). Como ya se mencionó aun las personas religiosas se pueden perder. Cristo dijo que no era suficiente invocar el
nombre de Dios, hacer milagros en el nombre del Señor, etc., sino más bien para ser salvo uno tiene que hacer la
voluntad del Padre que esta en los cielos (Mt. 7:21-23) Finalmente, aun
cuando uno obedezca al Señor y sea perdonado por sus pecados, para permanecer
salvo debe permanecer fiel (Ap. 2:20). En otras palabras, es posible que
alguien caiga y retroceda y al hacerlo
nuevamente se pierde en el pecado.
Ahora
conociendo su personalidad, sabría si es un hijo de Dios o si necesita ser
salvo, pero creo que podemos ayudarlo a ver cual es su estado real en este
momento.
Por ejemplo, si usted no cree que Jesucristo
es el Hijo de Dios, usted no es salvo. Cristo mismo dijo, “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya
ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Jn 3: 18). El también dijo, “Por eso
os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en
vuestros pecados moriréis”. (Jn. 8:24), Ya que no solo la fe puede salvar, una persona no puede pertenecer al Señor si no cree que Cristo es el Hijo de
Dios. El punto es, que una vez que uno se convierte en creyente de Cristo, debe
continuar obedeciendo la voluntad de Dios
para ser salvo.
Luego, una persona puede creer que Cristo
es el Hijo de Dios, pero si no se ha arrepentido de sus pecados, si no ha
confesado con su boca que Cristo de es Hijo de Dios, y no ha sido bautizados, entonces no es salvo.
Cristo dijo que uno debe arrepentirse o perecer. Es decir, uno debe apartarse
del pecado para ser salvo (Lc 13: 3). En otra ocasión Cristo dijo que uno debe
confesarlo ante el Padre que esta en los cielos (Mt. 10: 32), y Pablo dijo, “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la
boca se confiesa para salvación” (Ro.10:10). Posteriormente Cristo
declaró “El que creyere y fuere bautizado, será salvo;
mas el que no creyere, será condenad” (Mc16: 16). ¿Qué significa
todo esto? Significa que si uno quiere ser salvo de sus pecados, debe pensar en
Cristo como el Hijo de Dios, y debe ser bautizado o sepultado en agua para
obtener el perdón de sus pecados. Si alguien aun no hizo esto todavía esta
perdido.
Lo anterior no solo es cierto, sino que si
uno no es miembro de la Iglesia que pertenece a Cristo, esa persona no es salva.
Una persona puede ser miembro de un sin
numero de iglesias, pero no ser miembro de la correcta. Por supuesto existen
aquellos que defienden que no es necesario ser miembro de una iglesia para ir
al cielo, pero evidentemente tales personas no están familiarizadas con lo que
la Biblia enseña. Es verdad que uno puede ser salvo e ir al cielo sin ser
miembro de alguna iglesia denominacional o hecha por hombres, pero no se puede
ser salvo sin ser miembro de la Iglesia de Cristo. Pero podría preguntar ¿no es
la Iglesia de Cristo solo otra denominación?. La respuesta es NO. Si bien la iglesia no es el salvador,
Cristo añade a ella los que son salvos. El día de Pentecostés, después que se hubo
predicado el evangelio y tres mil obedecieron a Dios, el registro dice, “que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se
añadieron aquel día como tres mil personas” (Hch. 2: 41).
Nuevamente leemos,
“Alabando a Dios, y teniendo favor con todo el
pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. (Hch 2: 47).
A partir de estas
afirmaciones concluimos que si uno no es un miembro de la Iglesia del Señor no
es salvo, ya que Cristo añade los salvos a la iglesia. En otras palabras si
alguien no es añadido a la iglesia es porque no es salvo. Leemos en Efesios
5:23 que Cristo es el salvador del cuerpo o iglesia. ¿Cuántas iglesias tiene
Cristo? Solo una, de acuerdo a Efesios 4:4 y Él es su salvador.
Habría
que considerar otras verdades en relación a que una
persona continúe en estado salvo, como la adoración, vivir una vida cristiana,
llevar el nombre de Dios, etc., pero con seguridad , uno debe creer que Cristo es el Hijo de Dios, obedecer los mandamientos
del evangelio, y ser un miembro de la
Iglesia del Señor para ser salvo. Ahora me gustaría formularle las
siguientes preguntas: ¿Usted cree que Cristo es el Hijo de Dios? ¿Ha obedecido
el evangelio de Cristo? ¿Es miembro de la Iglesia de Cristo? Si debe responder
con un no a una o mas de estas preguntas, usted no es salvo. Si usted
honestamente puede decir que es salvo, entonces debe ser capaz de responder SI
a todas las 3 preguntas. No seria
suficiente decir si a una, o aun a dos de ellas. Usted tendrían que decir si a
las tres.
Si
usted no es un Hijo de Dios, quiero animarlo a obedecer al Señor para que pueda
ser salvo. Recuerde, usted no puede salvarse a si mismo ni puede ser salvo al cumplir
con las enseñanzas de los hombres. La única manera en que usted puede tener
salvación es haciendo lo que el Señor desea que usted haga. No puede haber
sustituto para la fe y la obediencia. No se preocupe por “afiliarse” a la
iglesia. Usted no puede afiliarse a la Iglesia de Cristo. Una vez que usted ha
obedecido al Señor y Él lo ha salvado, Él personalmente lo añade a Su iglesia.
En
la obediencia a los mandamientos de Dios, usted es miembro de la iglesia que Cristo dijo que construiría (Mt. 16:1 8). Esa iglesia
universal esta conformada por muchas congregaciones locales, dondequiera que
sus miembros se encuentren. Si hay dos o tres miembros donde usted esta, o
quizás mas, usted debería permitirles saber que usted ha obedecido al
Señor y que desea tener comunión con ellos. Quizás ellos ya saben esto, pero en caso de
que no estén conscientes de su obediencia, usted debe dársela a conocer.
Si
esta en una localidad donde no existe la Iglesia de Cristo, dependerá de usted hacer
el esfuerzo por enseñar a aquellos que lo rodean, con la esperanza que uno o más
obedezcan a Dios, y con ellos comenzar una nueva congregación de la Iglesia de
Cristo en donde este. Por favor no se comprometa ni una a algún grupo religioso
que ya exista allí, sino más bien trabaje diligentemente para empezar la
iglesia de acuerdo a las enseñanzas del Nuevo Testamento. Estaremos discutiendo
esto más en el transcurso de estas lecciones.
Plantando iglesias (2): La necesidad de la Biblia
Lección 2
Usted
necesita la Biblia
La iglesia es muy
importante y queremos decirle como ser parte de ella. También le mostraremos
como la iglesia puede existir donde usted
está, si no hay alguna congregación cerca de usted.
La
iglesia de la que hablamos no es solo otra iglesia, una denominación, o alguna
institución establecida por el hombre. Más bien, hablamos de la iglesia de la que leemos en la
Biblia, la única que pertenece a Cristo, y la única que lleva su nombre.
Existen muchas cosas involucradas y vamos a debatirlas extensamente.
Queremos
recordarle que Dios tenía un plan para el hombre, ponerlo aquí con un
propósito, darle un trabajo que hacer, y preparar un hogar para su alma. Todo
esto se revela en la Biblia, lo que significa que usted necesita una Biblia o
un Nuevo Testamento, pero preferentemente una Biblia, si desea conocer cual es
la voluntad de Dios para usted.
Espero
que usted ya tenga una Biblia, pero si no, por favor, vea si puede encontrar
una. Se pueden comprar en librerías, Sociedades Bíblicas, iglesias, etc. Lo
animo a usar la versión Rey Santiago, o alguna otra versión aceptada de las
escrituras. Existen muchas versiones o traducciones, disponibles pero algunas
de ellas son inferiores o antiguas.
En
primer lugar, necesita entender que la Biblia es la Palabra de Dios, Es Su revelación final, o voluntad para el
hombre. Hay muchas declaraciones en las escrituras que enfatizan su autor,
inspiración, y necesidad de aceptarla como definitiva. Pablo dijo, “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para
enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin
de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Tim 3: 16,17). Se hace referencia a
la Biblia como la Perfecta Ley de la libertad (Stg. 1: 25), y Cristo dijo que el cielo y la tierra pasarán,
pero que Su palabra nunca pasará (Mt. 24: 35). No tenemos que añadir, quitar o
sustituir de ella (Ap. 22: 18,19; Gal. 1: 6-9). Tenemos que ser hacedores de la
palabra (Stg. 1: 22) y algún día seremos juzgados por ella (Jn. 12: 48).
Pero
si usted tiene una Biblia, necesita saber cómo dividirla correctamente (2 Tim.
2: 15). Esto significa que debe darse cuenta de que hay dos divisiones
principales en la Biblia; el Antiguo y el Nuevo Testamento. El Antiguo
Testamento comienza con la creación y termina con el profeta Malaquías, profetizando la llegada de Cristo, el
Salvador. El Antiguo Testamento abarca los periodos de tiempo Patriarcal y
Mosaico. La ley de Moisés, dada durante el segundo periodo era la ley de Dios
dada a Su pueblo durante aquel tiempo. Pero después, vino Cristo, Él dio un
Nuevo Testamento o ley, y al hacerlo así se hizo anterior al primero. Este fue
quitado para que podamos tener una mejor ley. El escritor de Hebreos, hablando
de Cristo y de este cambio dijo, “He aquí que vengo,
oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo primero, para establecer esto
último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo
de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Heb. 10: 9,10). No estamos obligados a guardar la antigua ley,
puesto que ahora vivimos bajo la Ley de Cristo. Las personas que vivieron en el
tiempo del Antiguo Testamento no podían mantener las leyes del Nuevo Testamento
(que aun no había llegado) así como nosotros ahora no podemos guardar las leyes
del Antiguo Testamento.
Con
todo el Antiguo Testamento es la palabra de Dios y sirve para un noble
propósito. Este proporciona la historia del hombre y también muestra cómo Dios
ha tratado con Su pueblo. Da ejemplos de aquellos que obedecieron al Señor, y
que fueron bendecidos por ello, pero de otro lado, también nos habla de
aquellos que desobedecieron a Dios y que fueron castigados. Además, nos da
muchas profecías de la llegada de Cristo, y de Su muerte, sepultura y resurrección.
Cuando nos volvemos al Nuevo Testamento podemos ver como todas estas profecías
fueron cumplidas. Así que el Antiguo
Testamento tiene muchos propósitos, pero no podemos seguirlos como ley y
esperar ser salvos.
El
Nuevo Testamento revela la voluntad de Dios para el hombre hoy. Este empieza
con el nacimiento, vida, muerte, sepultura y resurrección de Cristo y luego
prosigue para mostrar como fue establecida la iglesia, y después de ella, como
fue llevado el evangelio al mundo.
Con
todo esto en mente, el escritor de Hebreos dijo, “os,
habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres
por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a
quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (Heb. 1: 1,2): En la transfiguración de Cristo, Dios
habló desde el cielo y dijo, “Este es mi Hijo
amado, en quien tengo complacencia; a él oí” (Mt. 17: 5). No hay
duda entonces de a quien hay que escuchar, y ese es Cristo. Tampoco hay duda
que el testamente que contiene la Ley de Cristo es el Nuevo Testamento.
Hay
varias cosas que necesitamos tener en mente mientras estudiamos la palabra de
Dios. Nosotros, por lo tanto, debemos aceptarla y respetarla como ley divina.
No debemos rechazarla, discutir sobre ella, o cuestionarla. Dios ha dicho lo
que ha dicho y eso debería resolver el asunto.
Segundo,
La palabra de Dios no debe dividirnos.
Por supuesto que sabemos que existen
muchas personas que proclaman ser seguidores de las enseñanzas de la Biblia, pero
están divididos en lo que enseñan y lo que hacen. ¿Cómo es posible?
Definitivamente ¡no! El Señor nos ha hablado a todos a través de Su palabra, y
cuando todos creamos lo que él ha dicho y obedezcamos Sus
enseñanzas, esto nos hará uno. Eso quiere decir que todos creeremos la misma
cosa, todos seremos igualmente salvos, todos seremos miembros de la misma
iglesia, adoraremos juntos y tendremos la misma esperanza. Incluso Cristo oró
para que seamos uno, sin divisiones (Jn. 17:20-23). Lea todo el Nuevo Testamento
y verá que el pueblo del Señor era uno. ¿Puede eso ser diferente hoy y ser
aceptable a Él?
Tercero,
la palabra del Señor es definitiva. Él
no tiene mensajes para el hombre hoy ni dará nuevas revelaciones en los días y años que están por venir. Él ha
revelado Su voluntad al hombre, y la ha revelado completa. Sí Él hubiera
querido decir algo más, lo hubiera dicho. Debido a que dio solo lo que tenemos,
entonces debemos concluir que no tiene nada más que dar. Sin embargo, existen aquellos que proclaman
que Dios les ha hablado, pero ¿con que propósito? Si Él da el mismo mensaje que
es revelado en la Biblia, ¿por qué necesitaría hablarle a alguien directamente?
Si diera nuevas revelaciones, ¿no estaría demostrando parcialidad al dar una
nueva revelación a alguien y no al resto de nosotros? Por supuesto que aquellos
que afirman que Dios les ha hablado siempre dirán que Dios les ha dado algún
mensaje, pero invariablemente estará en conflicto con lo que la palabra escrita
dice. Esto significaría que Dios esta contradiciendo Su propia palabra. ¿Puede
creer eso?!Jamás! Por lo tanto, debemos concluir que Él solo habla al hombre a
través de Su palabra. Si queremos conocer la voluntad de Dios debemos recurrir
a la Biblia. Quien afirma que Dios le
esta haciendo revelaciones especiales es un mentiroso, “Más si
aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del
que os hemos anunciado, sea anatema” (Gal.
1:8)
Cuarto, un día seremos juzgados por la palabra de Dios. ¿Que palabra es esa? Es la verdad encontrada en la Biblia.
Lo que leemos allí será la ley por la cual seremos juzgados en día del juicio.
No vivimos bajo una ley para ser juzgados por otra. Lo que Él demanda en la
palabra escrita, lo exigirá el día del juicio. “El que
me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he
hablado, ella le juzgará en el día postrero”. (Jn. 12:48).
Él no la cambiara para que se ajuste a nuestra situación. Es por que debemos
ser muy cuidadosos en hacer solamente lo que Él ha ordenado. Rechazar
cualquiera de Sus enseñanzas ahora significaría que Él nos rechace el día que estemos de pie
frente a Él. Si creemos en la palabra, la obedecemos, y viviremos por ella,
entonces con seguridad seremos bendecidos aquel día.
Mis
amigos, espero que ustedes tenga una Biblia, pero si no, permítame animarlos a
poner un esfuerzo especial en adquirir una. Ustedes necesitan leerla y
estudiarla, para conocer la voluntad de Dios. Lean Mateo, Marcos, Lucas y Juan
para edificar la fe en vuestros corazones de que Jesucristo es el Hijo de Dios.
Lean el libro de Hechos para aprender lo que necesitan hacer para ser salvos;
es decir, creer en Cristo, arrepentirse de sus pecados, confesar que Cristo es
el Hijo de Dios, y ser bautizados para el perdón de sus pecados. Lean allí
también sobre el establecimiento de la iglesia del Señor y como es cuando
alguien obedece al Señor. Cristo añade a las personas penitentes y obedientes a
esa iglesia. Para aprender como vivir la vida cristiana y tener la esperanza de
la vida eterna, continúen leyendo todo el Nuevo Testamento.
viernes, 13 de abril de 2012
Plantando Iglesias (1): El plan de Dios para el hombre
Como iniciar la Iglesia de Cristo
en donde se encuentra
Por: J.C. Choate
Introducción
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| J.C. Choate |
En partes del mundo donde la iglesia no existe, existe una gran necesidad no solo de predicar el evangelio, sino también de explicar a los nuevos convertidos como iniciar una congregación de la Iglesia del Señor en donde ellos se encuentran. Por esta razón, unos pocos años atrás presenté estas lecciones en radio Sri Lanka al pueblo de la India y otras naciones de Asia. En aquel tiempo las lecciones se imprimían en la India y se enviaban a los oyentes y contactos, que las requerían. Ahora, nuevamente estos sermones se están imprimiendo y serán usadas por los maestros de la Escuela Bíblica Mundial y por otros como guías para los estudiantes alrededor del mundo. También e enviarán muchas copias al hermano George Funk en África del Sur desde donde serán transportadas en los “Carruajes evangelisticos” (camiones de 18 ruedas) a países de África meridional.
Estos sermones estaban dirigidos a aquellos que hablaban y leían en inglés como un segundo idioma. Por este motivo, las lecciones se mantenían en su nivel básico, y repetitivo, en un esfuerzo por ayudar a los oyentes y lectores a entender lo que se les decía. Esta impresión también será principalmente destinada a las personas de otras naciones. Oramos para que sea útil para los nuevos convertidos, y resulte en el establecimiento de nuevas congregaciones de la Iglesia de Cristo en todo el mundo.
J.C. Choate
Contenidos
1. El plan de Dios para el hombre
2. Usted necesita la Biblia
3. Usted necesita ser salvo
4. Cómo obedecer el evangelio
5. Cómo identificar la Iglesia del Señor
6. Por qué es usted importante para el Señor
7. Por qué es necesaria la Iglesia en donde se encuentre
8. Cómo empezar la Iglesia del Señor
9. Cómo bautizar
10. Cómo adorar
11. Cómo servir la Cena del Señor
12. Cómo orar
13. Cómo cantar
14. Cómo ofrendar
15. Clases bíblicas
16. Cómo evangelizar
17. Cómo organizar
18. Dónde reunirse
19. El lugar de la mujer
20. Cómo soportar a los predicadores
21. Cómo ayudar a aquellos en necesidad
22. Cómo trabajar juntos
23. Cómo perdonar
24. Cómo tener una pureza doctrinal
25. Cómo vivir una vida cristiana
26. Cómo enfrentar los problemas
Lección 1
El Plan de Dios para el Hombre
Al empezar esta lección estaremos debatiendo el tema de Cómo iniciar la Iglesia de Cristo en donde se encuentre. Estaremos hablando sobre un número de cosas basadas en lo que la Biblia nos enseña, lo cual nos ayudará a ver la importancia de la Iglesia del Señor, la necesidad de que esta exista en donde estemos y de cómo hacer todo esto posible.
En esta oportunidad, nuestro estudio tendrá relación con el Plan de Dios para el hombre. No solo necesitamos ser conscientes de la existencia de Dios, que somos su creación, sino sobre todo, que Él tiene un plan para el hombre.
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Dios siempre ha existido, Él vive hoy, y siempre será. Él no es físico o terrenal, sino es un espíritu, según Juan 4:24. Él es “un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todo” (Ef. 4:6). Él no solo creó los cielos y la tierra (Gn 1:1), sino que coronó toda Su creación al formar al hombre a Su propia imagen (Gn 1:26, 27; 2:7).
El hombre no vino al mundo por accidente. Ni fue colocado aquí para habitar la tierra sin un propósito o dirección. . Su vida debía vivirla de una forma más noble en lugar de solamente buscar los placeres de este mundo. Más bien, fue puesto para honrar a su creador. Tiempo atrás el salmista David escribió, “Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre” (Sal. 100:3,4)
Aun antes de que el hombre fuera creado, Dios ya tenía un plan para él. Él predestinó, predeterminó o decidió que el justo fuera salvo y que el injusto fuera castigado. Hablando a los cristianos en Éfeso, Pablo escribió, “según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado” (Ef. 1:4-6)
Si bien Dios había decidido que los justos fueran salvados y los malvados castigados, Él había dado a cada persona la libertad de decidir el grupo del cual seria parte. Si alguien decidía pasar a las filas de los justos, seria salvo en este mundo y en el venidero, por supuesto que debería entregarse a si mismo al Señor en obediencia para poder ser salvo, y añadido a Su iglesia (Mc. 16:15,16; Hch. 2:47). Dejar de hacer esto significaría que una persona ha elegido formar parte del otro grupo.
Aunque uno nace en este mundo sin pecado, es decir, nace limpio y santo, al llegar a la edad de discernir entre lo bueno y lo malo, se vuelve pecador. En este punto Dios lo hace responsable de sus acciones. Otra forma de decirlo, quien transgrede las leyes de Dios se pierde. El pecado es la trasgresión de la ley de Dios, significa que una persona hace lo opuesto a la voluntad de Dios (1 Jn 3:4). Hablando de este tipo de personas, Pablo dijo, “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Ro. 3:23)
Dios vio al hombre en pecado, y supo que el pecado trae la muerte (Ro. 6:23) por lo tanto, envió a Su Hijo al mundo para salvar al hombre. Juan escribió, “Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros. Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes” (Jn. 3:16,17)
El hombre no podía ser salvo por su propia justicia o a través del sacrificio de animales. Hebreos 10:4 dice, “porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados”. Es por eso que Dios envió a Su Hijo al mundo para vivir entre hombre y para finalmente morir por los pecados del mundo. Leemos, “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Ro. 5:8,9). Pablo dijo que Cristo llevó nuestros pecados en Su propio cuerpo en la cruz (1 P. 2: 24). Cristo mismo dijo que su sangre fue vertida para que pudiéramos tener reemisión de nuestros pecados (Mt. 26:28).
¿Cómo puede la muerte de un hombre y el derramamiento de su sangre salvarnos de nuestros pecados o malas acciones? Debemos entender que solo la muerte de una persona o la sangre de una persona, no podría salvar a alguien. Pero la muerte de Cristo, el Hijo de Dios, el único sin pecado y la sangre de vida que derramó en nuestro favor es un tema diferente. Ese sacrificio y esa sangre pueden salvarnos y hacer posible que seamos perdonados de nuestros pecados.
La siguiente pregunta que viene a la mente seria, ¿Cómo puede la sangre de Cristo ser aplicada a los pecados del hombre para que sean borrados? Según las escrituras, esto se hace al obedecer los mandamientos del Señor. Después de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo, Él envió a Sus discípulos con estas instrucciones: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Mc. 16:15,16). Cuando uno cree en el Señor, se arrepiente de sus pecados, confiesa que Cristo es el Hijo de Dios, y es bautizado o sepultado en agua, entonces a través de la obediencia alcanza la sangre de Cristo y es perdonado de sus pecados. Pablo dice, “en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Ef. 1:7). Él se refiere aquí a la sangre de Cristo.
En el libro de Hechos se enlistan 11 casos de conversiones. En cada uno, el registro muestra claramente que a través de su obediencia a los mandamientos del evangelio ellos fueron salvados. Fueron limpiados, perdonados o salvados por Cristo y por Su sangre al obedecer Sus mandamientos. Sin obediencia no hay salvación.
Todos aquellos que obedecieron al Señor y fueron salvados y al mismo tiempo reunidos en un grupo de personas conocidos como la Iglesia de Cristo. Con aproximadamente tres mil personas que pedían ser bautizadas después de escuchar a los apóstoles predicar el evangelio en Jerusalén, el registro dice, “alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hch. 2:47). Esta iglesia no era una iglesia mas, que pertenecía a un hombre o iniciada por los seres humanos. Más bien, era la iglesia del Señor, el cuerpo espiritual de Cristo. Aquella por la cual Él murió. La única que lleva su nombre, la única por la cual regresará algún día. La iglesia no puede salvar a nadie, sino Cristo es el salvador de la iglesia (Ef. 5:23), y por lo tanto uno debe ser parte de Su iglesia para ser salvo e ir al cielo (Ef. 5:25-27).
Como personas salvas, los cristianos, y los miembros de la Iglesia del Señor, tenemos que adorarle y vivir una vida cristiana fiel para que el cielo pueda ser nuestro hogar eterno. Este es el plan de Dios para el hombre.
Si usted es cristiano y miembro de la iglesia de la cual habla la palabra de Dios, -la Iglesia de Cristo-lo saludamos. Si no lo es, nos gustaría animarlo a pensar seriamente en las cosas que se han dicho, obedecer al Señor, y ser cristiano.
Al continuar con nuestro estudio vamos a demostrarle cuan fácil es obedecer al Señor y ser miembro de la Iglesia de Cristo en donde quiera que se encuentre. Si no hay aún una congregación en el área, le daremos información sobre como establecer una. Continúe estudiando con nosotros y si podemos responder sus preguntas, proporcionarle literatura, o ser de ayuda para usted en su obediencia al Señor, por favor contáctenos.
Material disponible
¿Antiguo o Nuevo testamento?
Amor Fraternal
Ana
Anécdotas
Apocalipsis
Apologias
Bosquejos de sermones
Caleb
Carácter
Catolicismo
Comunión
Conducta
Confianza
Cristianismo Práctico
Curso para nuevos convertidos
Desafíos
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II Timoteo 2:15
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La hermenéutica
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