ESTUDIOS BÍBLICOS

Procura con diligencia presentarte ante Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse y que usa bien la palabra de verdad (II Ti 2:15).

UN SOLO CAMINO

Tomás le dijo: «Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le dijo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí (Jn 14:5-6).

¡FAMILIAS FUERTES IGLESIAS FUERTES!

Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe (Gal 6:10).

RADIO ON LINE LAS 24 HORAS

Jesús respondió: «Más bien, dichosos los que escuchan la palabra de Dios, y la obedecen (Lc 11:28).

LIBERTAD DEL PECADO EN CRISTO

Entonces Jesús dijo a los judíos que habían creído en él: "Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres" (Jn 8:31-32).

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miércoles, 2 de noviembre de 2016

¿Pedro el primer Papa? (2)

III. VICARIO Y JEFE DE LAS IGLESIAS


Este es el punto fundamental. Nosotros preguntamos: “Pedro, el tan nombrado apóstol, ¿fue jefe de la iglesia y vicario de Jesucristo?” Los católicos nos responden que sí, citando las palabras dichas por Cristo: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”. Para conocer mejor el valor de este pasaje, examinaremos, leyendo la Biblia, si realmente Pedro se presenta como vicario de la iglesia de Cristo y jefe de la iglesia.

A) Vicario de Cristo

Jesús no necesita a un vicario en la tierra. Él nunca está ausente. Muchos creyentes razonan de la siguiente manera: “Cristo está lejos, subió a los cielos, por lo tanto no puede estar en la tierra. El delegó sus poderes en el Papa, que es su sustituto y actúa como su vicario”.

La Biblia no dice eso; Cristo no está lejos, él está íntimamente unido a nosotros. También después de sus palabras, “tú eres Pedro”, Jesús sigue diciendo que él edificará su propia iglesia. “Edificaré mi iglesia” (Mateo 16:18). Es Jesús en persona quien trabaja en su iglesia, el que continuamente la está edificando; no son los obispos o el Papa, es Jesús sólo. La iglesia le pertenece sólo a Él y a nadie más. En cualquier parte donde se reúnan dos o tres personas en su nombre, Cristo estará con ellos. “Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Yo os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy en medio de ellos” (Mateo 18:1855). Cuando Jesús dice “os aseguro” quiere hacer resaltar que el pensamiento que sigue es una verdad consagrada.

Cristo está íntimamente cerca de los suyos. Es El que los guía y los llama, es El que edifica su iglesia. Podríamos releer Mateo 28:20. “Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Si él está con los suyos, no hay necesidad de un vicario. Nosotros no debemos temer nada, porque Él es nuestra fortaleza y nos sostiene en cada dificultad.

Cuando la Biblia habla de un vicario de Cristo o de un sustituto suyo, no menciona a Pedro, más bien nombra al Espíritu Santo. “Y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14:16). “Os he dicho estas cosas estando entre vosotros, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:25-26). “Mucho podría deciros aún, pero ahora no podéis con ello. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir” (Juan 16:12-13).

El Espíritu Santo al haber iluminado a los apóstoles y al haberlos guiado a escribir el Nuevo Testamento, nos habla también por medio de esa Biblia que El inspiró. A través de esas palabras nosotros podemos conocer la voluntad del Padre. Y de ese modo el Espíritu Santo es el vicario de Cristo, elegido para hacer resonar hoy en nuestros oídos su palabra divina, reveladora de la voluntad de Dios.

B) ¿Pedro Jefe de la Iglesia?

Si Pedro no fue vicario de Cristo, ¿fue jefe de la iglesia? ¿Fue él superior a los demás apóstoles y obispos? Es conveniente basarnos en el comportamiento de Pedro y los apóstoles. Eso servirá de enseñanza para quienes quieran conocer la verdad.

1) Un episodio de Pedro

En Hechos 10 encontramos un episodio que nos muestra la humildad del apóstol y la conciencia de su nulidad. “Al siguiente día entró en Cesarea. Cornelio los estaba esperando. Había reunido a sus parientes y a los amigos íntimos. Cuando Pedro entraba salió Cornelio a su encuentro y cayó postrado a sus pies. Pedro le levantó diciendo: “Levántate que también yo soy hombre” (v.24). Pedro se niega a toda veneración y a todo gesto de homenaje o estima. Con el término “adorar”, la Biblia indica el homenaje muy en uso en esos tiempos, postrarse a los pies de personas de linaje como reyes o príncipes. Pero Pedro no quiere esos gestos para sí.

Ahora, al contrario, el Papa, el supuesto sucesor de Pedro, obliga a los fieles a arrodillarse a sus pies. Cuando entra el Papa, el maestro de ceremonia grita a todos los presentes: “¡De rodillas!” Ese gesto en latín se dice “adoratio”, o sea, adoración. Y es lógico. Si el Papa es vicario de Cristo y jefe de toda la iglesia a la par de Jesús, entonces se le debe el mismo respeto y la misma estima que a Jesús en persona. Pero todo eso es lo contrario de la actitud de Pedro en Cesarea. ¿Porque? Porque Pedro sabía y comprendía que él era un hombre como los demás, sin superioridad alguna. En cambio hoy, el Papa se atribuye la prerrogativa de ser superior a los demás, jefe de toda la iglesia y vicario de Cristo. Si les decimos a los católicos: “Ustedes están equivocados con respecto al Papa”, no es una afirmación personal, sino que leyendo la Palabra del Señor, hemos encontrado que los primeros creyentes, mejor informados que nosotros de la verdad cristiana, pensaban y obraban en forma distinta de los católicos actuales. Es con dolor que me veo obligado a hacer esta observación, como también con dolor tuve que dejar la Iglesia Católica. Pero fue necesario, porque en determinado momento surge un conflicto grave: “O con la palabra de Dios o con la palabra de los hombres”. Y la elección debe ser lógica y natural.

2) El ejemplo de los apóstoles

¿Fue Pedro tal vez reconocido como el jefe de los otros apóstoles instruidos directamente por Jesús? No. En Lucas 22:24 leemos un episodio bastante significativo: “Entre ellos hubo también un altercado sobre quién parecía ser el mayor”. Reflexione un instante. Los apóstoles discuten el problema: “¿Cuál de nosotros es el mayor?” Yo me pregunto, ¿cómo es posible que los apóstoles se hicieran semejante pregunta y discutieran entre ellos por ese motivo? ¿Acaso Jesús no había contestado de antemano a ese problema indicando al apóstol Pedro como jefe? ¿No había dicho él: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”? Los apóstoles no habían entendido entonces la palabra de Jesús sobre la superioridad del apóstol Pedro. Ellos la entendieron en forma bien distinta a como la entiende actualmente la religión católica. No vieron ningún privilegio que constituyera a Pedro jefe de la Iglesia. Es preferible entonces estar con los apóstoles, que conocían mejor que nosotros la mentalidad de Jesús, cuando pronunció las célebres palabras “Tú eres Pedro”.

Luego, Jesús no responde a la cuestión diciendo que Pedro era jefe de la Iglesia. Insiste en demostrar la profunda diferencia entre la forma cristiana y humana de gobierno. Entre los cristianos el único medio para ser el mayor es servir a los demás, estar siempre a disposición de los otros, mientras que en el mundo el que manda es un tirano que con su despotismo quiere dominar a los demás. Solamente haciendo el bien a nuestro alrededor seremos grandes para Dios (Mateo 20:20-28).

3) Las enseñanzas de Pablo

Pablo negó a Pedro toda superioridad. Lea la epístola a los Gálatas y en particular sus dos primeros capítulos. Encontrará que Pablo no le daba gran importancia a Pedro y no veía en él al jefe de la iglesia. La única diferencia entre los dos apóstoles es que mientras Pedro fue el encargado especial de predicar a los circuncisos, o sea, a los hebreos, Pablo predicaba a los gentiles, a los no hebreos. “Pues el que actuó en Pedro para hacer de él un apóstol de los circuncisos, actuó también en mí para hacerme apóstol de los gentiles” (Gálatas 2:8).

Santiago, Cefas (Pedro) y Juan eran denominados “columnas” (no “jefes”) de la Iglesia de Jerusalén, sin embargo a Pablo le importaba bien poco conocer quienes fueran: “Y de parte de los que eran tenidos por notables ¡qué me importaba lo que fuesen!: en Dios no hay acepción de personas, en todo caso, los notables nada nuevo me impusieron , … y reconociendo la gracia que me había sido concedida, Santiago, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos tendieron la mano en señal de comunión a mí y a Bernabé: nosotros nos iríamos a los gentiles y ellos a los circuncisos” (Gálatas 2:6, 9). Esto evidentemente no sería una manera correcta de expresarse por parte de Pablo, si él hubiera reconocido que Pedro era el elegido por Cristo como Jefe de su iglesia.

Cuando Pedro se equivoca, Pablo lo reprende públicamente y se le opone, haciéndole notar su error. “Mas, cuando vino Cefas a Antioquia me enfrente con él cara a cara, porque era digno de reprensión” (Gálatas 2:11). Si juzgáramos en base a los hechos, Pablo aquí pareciera sentirse superior a los otros para reprochar al colega equivocado. Pero en realidad tampoco Pablo era mas que los otros. Todos eran hermanos y ellos a su vez sometidos al mismo Jefe (Jesucristo). Jesús un día enseñó: “Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “Rabbí’, porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos” (Mateo 23:8).

4) Solamente Cristo es el jefe

Cuando Pablo habla de los jefes de la iglesia nos quiere recordar que sólo Cristo lo es, no Pedro. “Bajo sus pies sometió todas las cosas y le constituyó Cabeza suprema de la iglesia, que es su Cuerpo, la Plenitud del que lo llena todo en todo” (Efesios 1:22). “Las mujeres (que sean sumisas) a sus maridos, como al Señor, porque el marido es la cabeza de la mujer, como Cristo es la Cabeza de la iglesia, el salvador del Cuerpo” (Efesios 5:22-23).

Esta última frase es muy importante: ¿Puede tal vez haber entre marido y esposa un vicario? Imposible. Tampoco en la iglesia puede haber un vicario ya que la relación entre Cristo y la iglesia es idéntica a la que hay entre esposos. Yo desafío a cualquiera a que me traiga un pasaje de la Biblia donde se lea que Pedro es elegido jefe de la iglesia. Si existiera no tendría la mínima dificultad en reconocerlo. Siempre la Biblia me dice que Cristo es el jefe de la iglesia, El solo. De Pedro no se dice nada, señal de que Pedro en esos tiempos no era considerado como se pretende hoy, jefe de la iglesia y vicario de Cristo.

5) Pedro se auto define

Quisiera terminar leyendo un pasaje del apóstol Pedro, en el cual él mismo nos dice quién es. No se proclama jefe de la iglesia o vicario de Cristo de ninguna manera, sino que se auto define como un anciano como cualquier otro. La única diferencia es que él, como apóstol, fue testigo de los sufrimientos de Cristo. “A los ancianos que están entre vosotros les exhorto yo, anciano como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que esta para manifestarse. Apacentad la grey de Dios que os está encomendada, vigilando, no forzados, sino voluntariamente, según Dios; no por mezquino afán de ganancia, sino de corazón; no tiranizando a los que os ha tocado cuidar, sino siendo modelos de la grey. Y cuando aparezca el Mayoral, recibiréis la corona de gloria que no se marchita” (I Pedro 5:1-4).

¡Esto es lo que Pedro dice! El no se proclama “obispo de los obispos”. Simplemente se dice, según el griego, “un anciano como ellos”. Además, según el apóstol, no deben ser unos tiranos, sino simples servidores, y buenos ejemplos para la grey. El “obispo de los obispos”, el sumo pastor, no es Pedro-es Cristo. “Y cuando aparezca el Mayoral, recibiréis la corona de gloria que no se marchita”.

Este sumo Pastor, que es Cristo, también es nuestra piedra angular, en la cual nos apoyamos los cristianos. “Acercándoos a Él, piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida preciosa ante Dios, también vosotros cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo, pues está en la escritura: He aquí que coloco en Sión una piedra angular, elegida, preciosa y el que crea en ella no será confundido. Para vosotros, pues, creyentes, el honor; pero para los incrédulos, la piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido, en piedra de tropiezo y roca de escándalo. Tropiezan en ella porque no creen en la Palabra; para esto han sido destinados” (I Pedro 224-8).

6) La convicción de los primeros Papas

¿Fue Pedro el primer papa y Vicario de Cristo? Encontramos que en la Palabra de Dios, Pedro nunca fue llamado así. Cristo siempre está presente en su iglesia. No pudo haber dejado a un sustituto, o sea, un vicario humano. También vimos que en la verdadera iglesia de Cristo, no puede caber un obispo de obispos, o un jefe universal. Sólo Jesús es el único jefe de su amada iglesia, su esposa dilecta, sin mancha ninguna. También encuentro que el obispo de Roma, Gregorio Magno (muerto en 604- Papa para los católicos) se opuso a Juan el Ayunador, Obispo de Constantinopla que pretendía llamarse “obispo universal”, o sea, jefe de los demás, y afirmó que ese título no correspondía a un obispo romano. Al contrario él dijo claramente que ningún cristiano puede asumir dicho título. Estas son sus palabras textuales: A causa de esta temeraria presunción, la paz de toda la iglesia está turbada y la gracia difundida sobre todos en común está negada. Oigo al apóstol Pablo decir: “Yo soy de Pablo”, “Yo de Apolos”, “Yo de Cefas”, e indignado ante semejante división del cuerpo del Señor, exclama: “¿Acaso Pablo fue crucificado por vosotros? ¿Fueron ustedes bautizados en el nombre de Pablo?” El entonces reprendía a los miembros del cuerpo de Cristo por haberse adherido a otro jefe, y no a Cristo. ¿Qué le diríais vos, Juan, al Cristo, que como bien sabéis es el jefe de la iglesia universal, el día del juicio final cuando tengáis que rendir cuentas? Vos que quisisteis someter a todos vuestros miembros, adjudicándoos el título de universal, vos que fuisteis capaces de colocaros por encima de los demás obispos y que con un arrogante título de soberbia pisoteasteis el nombre de ellos para que el vuestro fuera por encima de todos. Con todo esto estáis haciendo y repitiendo lo mismo que el Diablo: “Subiré a los cielos y exaltaré mi trono por encima de los astros de Dios”. Vuestra hermandad, despreciando a los otros obispos y haciendo lo imposible para someterlos, repite lo mismo ya dicho por el viejo enemigo: “Me levantaré por encima de las más excelsas nubes”. Me apena ver todos estos hechos y con el temor por los secretos juicios divinos aumentan mis lágrimas y mi corazón no puede ya contener sus gemidos considerando que el piadosísimo hombre, el señor Juan, hombre de tanta abstinencia y humildad, instigado por sus consejeros, pueda llegar a ser tan orgulloso, que por anhelar un título, hace lo imposible para parecerse a aquel que en su soberbia quiso tener semejanza con Dios, pero terminó perdiendo la gracia y la semejanza ya poseídas.

Por cierto Pedro es un miembro de la iglesia universal. Pablo, Andrés y Juan, ¿no son acaso jefes de cada comunidad? Pero son todos miembros! dependientes de un mismo jefe, o sea, Jesucristo. Para sintetizar en una sola expresión: Los santos ante las leyes, los santos bajo las leyes y los santos bajo la gracia forman todos, el cuerpo del Señor, y son todos miembros de la iglesia. Pero ninguno de ellos se otorgó el título de jefe universal. Pueda entonces, vuestra Santidad, reconocer cuán grande es vuestro orgullo, al pretender un título que ningún hombre verdaderamente piadoso jamás se haya adjudicado (Regento V, epístola 18).

El obispo de Roma nunca se adjudicó, de acuerdo al testimonio de Gregorio, el título de “obispo universal”. Pero un siglo después olvidándose de esta oposición, ¡el obispo romano se atribuyó dicho título, generalizándose luego! Pero con esas atribuciones él no hacía otra cosa que desviar los principios de hermandad, amor y obediencia a Jesús, que son las bases de la religión cristiana.


IV. TU ERES PEDRO

¿Qué significado tendría la promesa que Jesús dirigió a Pedro, el apóstol? Los católicos siempre nos hacen esta pregunta. Es lógico reconocer que, admitiendo la inspiración de la Biblia, un pasaje de la misma no puede estar en desacuerdo con otro. Si hay oposición, forzosamente hay que reconocer que nuestra interpretación está errada. Ahora si comprendemos el “tú eres Pedro” en el sentido católico, o sea, reconociendo a Pedro como jefe de la iglesia, chocarnos con los pasajes precedentes que niegan tal superioridad. Debemos entenderlo de otra manera. ¿Pero entonces cuál es el significado que le debemos atribuir?

Eso es la simple reafirmación de cuánto era Pedro en ese momento y un adelanto de cuanto importaría su actividad en la iglesia.

a) En ese momento él era la primera piedra que aseguró que Cristo es el Hijo de Dios. El contexto mismo nos lo hace entender; si en un pasaje nos olvidamos del contexto, se corre el riesgo de interpretarlo mal. Jesús en ese momento quería elogiar a Pedro que, inspirado por Dios, había confesado la gran verdad cristiana: que Jesucristo era el Hijo del Dios viviente: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mateo 16:16).

En la primera línea se exalta la profesión de fe expresada por el apóstol, profeta en esa oportunidad. En ese contexto se nos presenta a Pedro como el primer apóstol inspirado por Dios que ha proclamado al mundo entero cómo debe ser la fe de todo hombre para que llegue a ser un cristiano. A él, por esta razón, se lo considera cronológicamente la primera piedra de todos aquellos que, después de él, confiando en su palabra e inspiradas predicas, recibieran a Jesús (no como a un hombre, sino como al enviado, el Hijo de Dios).

b) Las palabras de Cristo son también una profecía de todo lo que Pedro haría en la iglesia primitiva. Por haber sido cronológicamente el primer apóstol que confesó su fe en el Cristo, el Hijo del Dios viviente, tendría también el privilegio de ser el primero que predique la necesidad de la fe, el arrepentimiento y el bautismo. La iglesia surgió inicialmente por la actividad de Pedro, como nos enseña el segundo capítulo de Hechos. En cierto sentido, bien se puede decir que la iglesia se apoya en Pedro, que con su predicación y actividad apostólica inicia la expansión del cristianismo. Los otros apóstoles no hicieron otra cosa que seguir sus pasos (Efesios 2:20).

Pero además: Pedro recibió también “las llaves” con las cuales o ata o desata todas las cosas en el nombre de Dios mismo (“cielo” es un sinónimo de Dios). “A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos” (Mateo 16:19).

Las expresiones “atar” y “desatar” eran usadas en la Biblia y por los Rabinos para referirse a algo que era obligatorio (atar) o no obligatorio (desatar) para poder entrar en el Reino de los Cielos, o sea, en la iglesia de Cristo.

Justamente él, Pedro, fue elegido por Dios para declararle a Cornelio (Hechos 10) que la circuncisión no era obligatoria para la salvación (desatar). El fue elegido para señalar de una vez para siempre el camino que había que seguir para entrar en la iglesia y que se puede sintetizar en tres simples y obligatorias palabras: fe, arrepentimiento, bautismo (atar). ¡Fe en Cristo, el Hijo de Dios, muerto y resucitado por nuestros pecados! ¡Arrepentimiento de los pecados que nosotros mismos cometimos! ¡Bautismo, que con el símbolo de entrar y salir del agua, significa nuestra muerte al pecado con Cristo crucificado, nuestra sepultura con el Salvador, y al final, nuestra resurrección a la vida eterna en unión con el Redentor!

De este modo la profecía que Jesús dirigió a Pedro recibe una luminosa confirmación en la Biblia misma. La Biblia se explica a sí misma y confirma la enseñanza inspirada e inmortal. Pedro no tiene superioridad sobre los otros apóstoles, como jefe de la iglesia y vicario de Cristo, y tampoco transmite esta presunta superioridad a sus sucesores: los obispos de Roma.

CONCLUSIÓN:

Se dice hoy: “Usted altera la paz, enseñando cosas perversas, destruye la fe que siempre ha existido”. Hermanos y amigos, esto es falso. Es el catolicismo el que ha cambiado. Nosotros invitamos a los hombres de buena voluntad a volver a la fe del origen, cuando la Iglesia Católica todavía no existía. Es en la fuente donde encontramos el agua más pura. Es en el origen del cristianismo donde encontraremos el poder de la palabra divina. Ahí encontraremos la verdad pura y auténtica, la que Cristo anunció al mundo. Por medio de ella Cristo volverá a reinar entre sus seguidores, sin necesidad de vicarios terrenales o de jefes humanos. En la unidad del amor divino, en la única fe que con humildad recibe y acepta solamente lo que los apóstoles han transmitido en nombre de Cristo, en la obediencia que no se discute, podremos verdaderamente reestablecer la iglesia del tiempo apostólico y reconstruir la verdadera familia de los hijos de Dios.

¿Pedro el primer Papa? (1)

I. EL NOMBRE: PAPA


Papa significa “padre”. Este título, atribuido anteriormente a todos los obispos y sacerdotes, fue usado por primera vez por Liberio, obispo de Roma (352-366).


En 1073 Gregorio VII en un concilio romano sintetizo, en algunas frases, los derechos ya adquiridos por el obispo romano, entre otros: “El nombre Papa es único en el mundo y solamente el obispo romano puede usarlo” (VII Proposición). Por lo tanto, el titulo de Papa es reciente. En el año 1 073 empezó a ser usado en forma generalizada.

Jesús prohibió a sus discípulos, Pedro incluido, usar el nombre “papa”, o sea, padre. Lo podemos comprobar en cualquier versión del Nuevo Testamento. Esta es la diferencia entre la Iglesia Católica Apostólica Romana y la iglesia de Cristo: mientras los católicos opinan que hay que creer todo lo que el Papa afirma y prohíben la lectura de la Biblia protestante por no tener notas católicas, nosotros decimos que cada uno crea solamente lo que dice la Biblia verificando por sí mismo los pasajes, sin importarle la edición. La Biblia es una sola, no importa que haya sido editada por católicos o no.

En Mateo 23:9 leemos: “Ni llaméis a nadie ‘Padre’ vuestro en la tierra porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo”. En los tiempos de Jesús, había escribas que obraban de maestros y exigían ser llamados “padres” por sus discípulos, igual que los católicos llaman actualmente “Padre” al obispo de Roma. Jesús con su prohibición, quería decir: “No llaméis a nadie padre espiritual en la tierra, ya que solamente a nuestro Padre celestial le está reservado este título”.

Por lo tanto si alguien le preguntara a Pedro: “¿Eres tú el Papa?”, contestaría: “No lo soy. He aprendido de Cristo a guardar ese nombre, “Papa”, solo para el Dios que está en los cielos quien es el verdadero Padre de todos”.

II. EL OBISPO DE ROMA

Se afirma que el obispo de Roma es el sucesor de Pedro en el pontificado romano supremo. Pero aquí surge un enigma que no se ha aclarado aun: ¿Estuvo en realidad Pedro en Roma? Tratemos de examinar las principales teorías:

A. Arqueología

1. Falsos monumentos.

Hace tiempo se sostenía (actualmente continúan haciéndolo muchos guías turísticos romanos) con demasiada facilidad la presencia de Pedro en Roma mediante falsos argumentos arqueológicos.

a) Todavía hoy los guías enseñan la cárcel Mamertino, a la cual habría descendido Pedro por una empinada escalera y al ser golpeado habría dejado su imagen contra la roca. Sin embargo, esto no es mas que una leyenda. Pedro jamás pudo entrar en esa cárcel ya que estaba reservada a personajes de alto linaje, culpables de rebelión al gobierno central de Roma. También los guías enseñan una pequeña bañera diciendo: “Aquí Pedro bautizo a dos carceleros convertidos por medio de su palabra”. Nosotros pensamos que todas estas leyendas no hacen otra cosa que distorsionar la creencia del pueblo siempre dispuesto a aceptar todo cuanto se les dicen a ojos cerrados. Por lo tanto, no les cuesta creer que Pedro en verdad fue a Roma.

b) Si se llega a la Iglesia de San Sebastián, cerca de las catacumbas anónimas en la vía Appia, se les muestra a los turistas una piedra con las marcas de dos gruesos pies. Y les dirán: “Esa es la marca dejada por Jesús cuando se le apareció a Pedro en la vía Appia, mientras éste abandonaba Roma a raíz de las persecuciones de Nerón. Pedro le preguntó al Maestro, “¿A dónde vas?” Le habría contestado Cristo, “Nuevamente al martirio de la cruz”. Por lo cual Pedro, confundido y arrepentido volvería a Roma para soportar el martirio por Jesús, y ahí en ese lugar la piedra conservo milagrosamente la marca de los pies de Cristo.

¡Todo es leyenda, nada mas que leyenda! En la Enciclopedia Católica (vol. IX, pag. 1423, “Pedro el apóstol”), vemos que esa presunta reliquia de Cristo no es otra cosa que una ofrenda votiva presentada originariamente por un peregrino a un templo pagano. En esos tiempos era costumbre dejar marcas de pies para dar testimonio de los peregrinajes votivos a ese lugar. Luego, esta piedra fue transportada (no se sabe cómo) a un templo católico, desde el pagano. Todavía hoy está expuesta a la veneración, como si fuera una milagrosa reliquia de la aparición de Cristo a Pedro.

c) Si visitan la Basílica de San Pedro en Roma les enseñaran un sillón presuntamente usado por el apóstol durante su estadía en Roma. Actualmente no es posible ver en detalle la silla porque está cubierta de decoraciones artísticas. Sin embargo personas que la vieron siglos atrás tuvieron la posibilidad de examinarla mejor. Vieron una silla árabe con esta inscripción: “solo hay un Dios, Ala, y Mahoma es el profeta” (cfr. L.D. Sanctis, Roma papales, Florencia 1871, 78-81). Es raro que dicha silla se encuentre en el máximo templo del catolicismo.

2) Pruebas Hipotéticas

La única prueba verdadera es que sobre la colina vaticana en el año 200 DC. Existía un pequeño templo erigido en memoria del apóstol Pedro. Lo atestigua el sacerdote Caio y lo confirman los grandes descubrimientos arqueológicos efectuados por mandato del difunto Papa Pio XII.

Pero ese pequeño templo, ahora reencontrado, (¿Fue un monumento erigido en el lugar del martirio de Pedro, o solamente un edificio sagrado dedicado a su memoria? ¿Fue ése el lugar de su tumba? No lo sabemos con certeza. Es preferible dudar de la estadía de San Pedro en Roma. Puede ser que haya estado, también es posible que no. Siendo buenos historiadores, y deseosos de documentar toda afirmación, es preferible dejar aquí un interrogante en vez de inclinarnos por la afirmación.

B) La Biblia

Una sola cosa es cierta. Si Pedro fue a Roma, fue pocos meses antes de morir y no transmitió ningún poder al obispo de Roma. ¿Cómo se puede documentar esta afirmación?

Ante todo encontramos que Pablo escribió una carta a los romanos. Y en esa carta él saluda a muchas personas. Entre ellas, Pedro no es nombrado, lo que significa que en ese tiempo (posiblemente en el 56-58 D.C.) él no se encontraba en Roma.

En el libro de los Hechos encontramos una afirmación curiosa. Pablo se encuentra en la cárcel y algunos hebreos le dicen: “De la religión cristiana solo sabemos que es perseguida en todas partes”. Estas son sus palabras: “Nosotros no hemos recibido de Judea ninguna carta que nos hable de ti, ni ninguno de los hermanos llegados aquí nos ha referido o hablado nada malo de ti. Pero deseamos oír de ti lo que piensas, pues lo que de esa secta sabemos (para los judíos, el cristianismo era una secta), es que en todas partes se la contradice” (Hechos 28:21-22).

¿No es de extrañar, entonces, si de verdad Pedro estuvo en Roma que siendo él, el apóstol de los circuncisos, no les hablara de la religión cristiana a estos judíos? Quiere decir que hasta ese año (62 DC.) Pedro todavía no había estado en Roma. Los cristianos que estaban allí habían sido paganos, convertidos a Cristo gracias a otros cristianos que llegaron a la capital desde ciudades orientales y que personalmente habían abrazado la nueva fe convirtiéndose en sus divulgadores.

Poco tiempo antes de morir, Pablo escribe una carta, la segunda a Timoteo. El capítulo 4, versículos 10 y 16 dicen: “porque me ha abandonado Demas por amor a este mundo y se ha marchado a Tesalónica; Crescente, a Galacia; Tito, a Dalmacia. El único que está conmigo es Lucas… En mi primera defensa nadie me asistió, antes bien todos me desampararon. Que no se les tome en cuenta”.

Si Pedro hubiera estado presente ¿cómo habría podido abandonar a su querido hermano de predicación y apostolado? Entonces Pedro no estaba en Roma. Por eso Pablo queda solo sin amigos y sin defensor, confiando solamente en ese Dios que nunca abandona a los suyos.

Cuando Pablo en el año 64 DC. Escribe su última carta, Pedro todavía no había llegado a Roma. Si estuvo, sólo fue después del año 64, o tal vez al finalizar ese año, para padecer el martirio durante la persecución de Nerón.

C) Organización de la Iglesia Romanas.

Un hecho aún más importante es la situación de las iglesias de entonces. En ellas no había un solo obispo al cual trasmitir los eventuales poderes de Pedro. No tenían la organización de la Iglesia Católica de hoy. En aquel tiempo cada comunidad, incluida la romana, estaba dirigida por obispos o ancianos (Hechos 20:17, 28) que conjuntamente dirigían la iglesia. Debían ser bien conocidos por los hermanos que los elegían, tenían la dirección de la comunidad y toda persona propuesta tenía que ser elegida por ellos. Justamente en Hechos 14:23 leemos que Pablo y Bernabé “Designaron presbíteros en cada Iglesia y después de hacer oraciones con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído”. Cada iglesia tenía, por lo tanto, sus ancianos (del griego: presbíteros), que además ejercían la función de obispos. En Hechos 20:17, leemos: “Desde Mileto envió a llamar a los presbíteros de la Iglesia de Efeso”. Cuando los ancianos llegaron, Pablo les habló de esta manera: “Tened cuidado de vosotros y de toda la grey en medio de la cual os ha puesto el Espíritu Santo como vigilantes para pastorear la Iglesia de Dios que él se adquirió con su propia sangre” (Hechos 20:28).

Cada pequeño núcleo de cristianos, cada iglesia local tenía sus ancianos u obispos elegidos que codirigían la comunidad. En I Timoteo 5:17 dice: “Los presbíteros que ejercen bien su cargo merecen doble honor, principalmente los que se afanan en la predicación y en la enseñanza”. También en Roma era así.

No había sólo un obispo, sino varios ancianos, varios obispos que juntos dirigían la iglesia. No existía una persona destinada a ser Papa y a la cual Pedro transmitiera poderes, en el supuesto caso de que el poseyera algunos para transmitir. Fue solamente León Magno (440-461), en el siglo V, cuando ya la constitución monárquica de las diócesis se había impuesto en todas partes, el que se auto proclamó “sucesor de Pedro”. Antes de él ningún otro obispo de Roma lo afirmó. Pero esta afirmación es sólo una hipótesis basada en documentos históricos falsos que no nos asegura que Pedro haya estado en Roma. Eso es posible aunque no tenemos una prueba valedera al respecto.

El falso documento histórico afirmaba que un sólo obispo gobernaba o dirigía la comunidad, heredando él los presuntos poderes de Pedro, pero en ese tiempo no había un solo obispo, sino una colectividad de ancianos (también llamados obispos) que juntos dirigían a los hermanos.

En todo caso, habría que hablar de poderes delegados a toda la comunidad o a todo el colegio presbiterial de Roma, y no a un solo Papa.

Por: Fausto Salvoni

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