ESTUDIOS BÍBLICOS

Procura con diligencia presentarte ante Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse y que usa bien la palabra de verdad (II Ti 2:15).

UN SOLO CAMINO

Tomás le dijo: «Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le dijo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí (Jn 14:5-6).

¡FAMILIAS FUERTES IGLESIAS FUERTES!

Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe (Gal 6:10).

RADIO ON LINE LAS 24 HORAS

Jesús respondió: «Más bien, dichosos los que escuchan la palabra de Dios, y la obedecen (Lc 11:28).

LIBERTAD DEL PECADO EN CRISTO

Entonces Jesús dijo a los judíos que habían creído en él: "Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres" (Jn 8:31-32).

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miércoles, 29 de agosto de 2012

I Epístola de Juan

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I. El autor y la autenticidad de la carta
A.    La carta misma no nos dice quién la es­cribió, como tampoco a quiénes fue escrita. No obstante, sin duda alguna fue el apóstol Juan. A esta conclusión apunta todo el tes­timonio de los testigos. Policarpo era un dis­cípulo de Juan y el testifica que Juan la escri­bió. Da el mismo testimonio otro discípulo, Papías. Muchos de los llamados “Padres Eclesiástico” (autores y comentaristas de los primeros siglos de la era cristiana) atribu­yeron esta carta a Juan el apóstol. Entre ellos eran Tertuliano (155-220); Clemente de Ale­jan­dría (150-216); Ireneo (130-200), quien era dis­cípulo de Policarpo; 0rígenes (185-254); y Cipriano (murió en 258).
B.    La evidencia interna también apunta al autor de esta carta como siendo el mismo quien escribió el Evangelio Según Juan.  Si el apóstol Juan es el autor del Evangelio Según Juan, también lo es de esta carta. El estilo, mo­­do de expresarse, o dicción de las dos obras, apunta a un autor común. El autor se identifica a sí mismo como apóstol al afirmar que era un testigo ocular de Jesucristo (1:1-3). Esto era requisito para ser apóstol (Hechos 1:8, 21, 22; 10:41). El estilo y manera de expresarse eran tan conocidos a sus lectores que el autor no tuvo que identificarse. Tal carta indicaría quién la escribió y la autoridad de él para hablar. Ninguna obra fraudulenta tendría tales ca­rac­te­rísticas. Sin duda esta carta es del após­tol Juan.

II. Tocante a Juan el apóstol
A.     Era hijo de Zebedeo (Marcos 1:20; Lucas 5:10) y de Salomé (Mateo 27:56 juntamente con Marcos 15:40), y hermano de Jacobo (Mateo 4:21; Hechos 12:2).
B.     Fue llamado por Jesús para seguirle (Mateo 4:21), y ser un apóstol (10:1-4). El juntamente con Jacobo su hermano fueron apellidados Boanerges, que quiere decir “hijos del trueno” (Marcos 3:17). Quisieron mandar descender fuego del cielo sobre los samarita­nos (Lucas 9:54).
C.     Tuvo el privilegio especial de acompañar a Jesús cuando resucitó a la hija de Jairo (Marcos 5:37), cuando fue transfigurado (Ma­teo 17:1,2), y cuando oró en Getsemaní (Mateo 26:36-37).
D.    La madre de Juan, juntamente con él y con Jacobo, pidió a Jesús para sus dos hijos una posición especial en el reino (Mateo 20:20-23; Marcos 10:35).
E.     Juan, juntamente con los otros discípulos, prohibieron a cierta persona que no echara fuera demonios, porque no seguía a ellos (es decir, en su compañía). Jesús les reprendió por esto (Marcos 9:38-41).
F.     Fue encargado del cuidado de la madre de Jesús (Juan 19:27). Era testigo de la resurrección de Jesús y de su ascensión al cielo (Mateo 28:16; Hechos 1:2-11).
G.    Era hombre sin letras (Hechos 4:13).
H.    Era compañero íntimo de Pedro (Hechos capítulo 3-4; 8:14-25; Gálatas 2:9).
I.      Era “columna” en la iglesia de Jerusalén (Gálatas 2:9).
J.      Fue desterrado a la isla llamada Patmos (Apocalipsis 1:9), donde recibió la revelación de Jesucristo (v.1).
K.     Escribió cinco libros del Nuevo Testamento; a saber, El Evangelio Según Juan, las tres Epístolas de Juan, y Apocalipsis.

III. Características de la carta
A.    Las siguientes palabras claves se encuentran en las dos obras: vida, luz, amor, tinieblas, muerte, mundo, comunión y verdad.
B.    La palabra “amor,” y derivados de ésta, caracterizan esta carta en gran manera. Se emplea esta palabra, y sus derivados, unas cincuenta veces a través de la carta.
C.    La palabra “conocer,” y las varias formas de ella, aparece en esta carta con frecuencia, probablemente en refutación del gnosticismo prevaleciente en ese tiempo.
D.    En esta carta se enfatizan varias seguridades. Véanse 3:14, 19, 24. De igual manera se enfatiza la idea de “comunión,” basada en la justicia y amor (1:3-10).
E.    Otra característica sobresaliente de esta carta es que el autor, como también lo hace el del Evangelio Según Juan, no sencillamente afirma o niega alguna proposición, sino que para enfatizar la afirmación, niega lo contrario, y para enfatizar la negación, afirma lo contrario. Tenemos ejemplos de esto en Juan 1:20; 3:36; 5:24; 6:22; 1 Juan 2:4,27; 4:2,3.

IV. Destinatarios
A.    Como no se sabe quiénes eran los recipientes iniciales de esta carta, tampoco se sabe cuándo fue escrita, ni desde dónde. Toda conclusión es pura conjetura. Parece ser carta de un autor de gran edad, y los escritores primitivos nos dicen que Juan pasó su vejez en el área de Éfeso.
B.    No hay ninguna referencia a persecución en esta carta. Todo apunta a un período de paz exterior. Esto indicaría una fecha posterior a 80 d.C., y anterior a 94, cuando surgió la persecución de Domiciano, quien era el último de los doce Césares. Algunos comentaristas fijan la fecha de 90 d.C. como la más probable para esta carta. Las herejías tratadas en ella también apuntan a una fecha tarde en el siglo primero, porque éstas no tuvieron principio y circulación hasta entonces.
C.    No obstante, algunos consideran que 2:13, 18 indican una fecha anterior a la destrucción de Jerusalén (70 d.C.), afirmando que los lectores habían conocido a Jesús en la carne, y que el “último tiempo” se refería al fin de la nación judaica.

V. Condiciones y circunstancias de los tiempos en que se escribió la carta
A.    No hay referencia a persecución general ni indicación indirecta respecto a ello. Los asuntos tratados apuntan más bien a conflictos internos en la iglesia del área de los lectores originales (2:13, 17; 5:4).
B.    Se habían levantado falsos maestros (4:1-6). Esta carta combate su filosofía falsa y las prácticas corruptas que ésta producía. Así  que la oposición que encontraba la iglesia no era tanto externa (persecución física) como interna (la mundanalidad en forma de filosofías falsas y hechos carnales). Los cristianos estaban siendo seducidos por estos falsos maestros, estos parecen haber sido los gnósticos, según el punto de énfasis de esta carta y las cosas condenadas en ella.

VI. El propósito de la carta
A.    El autor mismo declara su propósito en 1:3-4; 5:13. Además, las cosas tratadas en la carta indican cuáles son sus propósitos. Juan había vivido hasta una edad avanzada y por eso había visto el aparecimiento de muchas corrupciones en la iglesia en la forma de doctrinas y prácticas. Escribió tres cartas para reafirmar las verdades tocantes a la persona y obra de Jesucristo, y para combatir las falsas doctrinas y condenar las prácticas corruptas que éstas producían. Por eso abunda esta carta en exhortaciones a la constancia y a la fidelidad en la fe de Jesucristo y en advertencias contra la seducción de las concupiscencias de la carne y contra los falsos maestros, muchos de los cuales eran hermanos apóstatas (2:19), los anticristos.
B.    Esta carta enfatiza la deidad de Jesucristo y condena severamente a los que la niegan. Condena las prácticas carnales abogadas por los falsos maestros (2:15-17; 3:3-10).
C.    Juan escribió el Evangelio Según Juan para presentar las evidencias que producen fe en Cristo Jesús (20:30-31), y esta carta para presentar la clase de conducta que esa fe en Jesucristo produce.
D.    Esta carta enfatiza que la humana sabiduría no es superior a la divina, a la fe en Cristo Jesús. Solamente por adherirse a la fe en Cristo hay promesa de vida eterna. La locura de la predicación de la cruz de Cristo siempre será la sabiduría de la iglesia y a la que ella siempre debe seguir fielmente (I Co 1:21, 30; 2:1, 5).
E.    Para poder entender alguna proposición, tenemos que entender cuál es el propósito del autor al presentarla. Hemos visto el propósito de Juan al escribir esta carta. Es evidente que el error tratado es lo opuesto de las exhortaciones y puntos de énfasis del autor. Pero este error bien describe al gnosticismo que tuvo sus principios en el tiempo de Juan. Si interpretamos algún dado versículo de esta carta, teniendo presente quiénes eran los falsos maestros y lo que enseñaban, no caeremos en falsas interpretaciones, cosa que hacen los que ignoran esta verdad.

VII. El gnosticismo
A.     La palabra gnosticismo, según el Diccionario Enciclopédico Abreviado, signi­fica “Doctrina filosófica y religiosa de los primeros siglos de la Iglesia, mezcla de la cristiana con creencias judaicas y orientales, que se dividió en varias sectas y pretendía tener un conocimiento intuitivo y misterioso de las cosas divinas.” Este nombre se deriva de la palabra griega gnosis, que quiere decir “conocimiento.” Los gnósticos reclamaban tener un conocimiento superior a los demás. Usaban mal a Juan 17:3, reclamando que lo único importante era el conocimiento, y según ellos este conocimiento era la filosofía que abogaban. Su sistema era uno de intelectualidad y no de moralidad. Según ellos, las expresiones del apóstol Pablo respecto a “libres de la ley” quieren decir libres de toda restricción moral.
B.     Los gnósticos eran de dos clases principales: los docetas y los discípulos de Cerinto.
1.    Los docetas. Estos negaban la humanidad de Jesucristo. Según ellos, no tenía Cristo cuerpo literal o físico. Todo era una aparición o imaginación. Por eso eran llamados también los Phantasiastae (fantasmas). Juan los llama los “anticristos” (2:18), porque negaban la humanidad de Jesucristo. Los prueba falsos con lo de 1:1-3. Afirmaban éstos que todo lo atribuido a Jesús (su encarnación, obra, sufrimiento, resurrección y ascensión) era pura imaginación. Concluían que por eso no murió en realidad para hacer satisfacción por nuestros pecados. Juan les contestó en 2:2. Concluían que no tenemos que sufrir por nuestra fe, como tampoco sufrió (en realidad) Jesucristo.
2.    Los cerintianos. Estos negaban la deidad de Jesucristo. Eran de la doctrina de un cierto Cerinto, contemporáneo de Juan el apóstol. El reclamaba (según el testimonio de Ireneo en su libro contra herejías) que la deidad o divinidad entró en Jesús cuando fue bautizado, y que lo dejó cuando fue crucificado. Según él, nació Jesús hijo de José, y no milagrosamente de la virgen que se llamaba María. Era Cerinto un judío de Egipto que combinó algunas ideas judaicas con la filosofía gnóstica. Retenía la circuncisión y la observancia del sábado. El resultado fue un judaísmo espiritualizado. Los cerintianos, como también los ebionitas, eran unitarios. Afirmaban que antes y después de morar el Cristo en él, era Jesús meramente hombre. Admitían como hecho todo lo dicho respecto a la historia de Jesús, pero negaban que era en realidad el Hijo de Dios (2:22). Juan les contestó con lo de 4:15 y 5:5. (Los judíos también negaban la deidad de Jesús (Juan 5:17-18; 10:33; Mateo 26:63-68) pero éstos que lo negaban y están bajo consideración en esta carta eran de origen más reciente, 2:18).
C.     Básicamente el gnosticismo consideraba toda la materia como de naturaleza mala. Afirmaba que el mundo fue creado por un principio malo (y no por Dios quien es puro, y es luz). El dualismo pagano era la base de su creencia. (Dualismo = sistema religioso o filosófico que admite dos principios, como el del bien y el del mal, el alma el cuerpo, etc. Diccionario LaRousse). De esto concluían que Dios no pudo habitar en un cuerpo material o físico. ¡Negaban la encarnación de Cristo!
D.    Algunos gnósticos eran ascéticos, afirmando que el cuerpo era malo y tenía que ser maltratado; otros eran libertinos, afirmando que con la mente se salvaban según su conocimiento superior, aunque con sus cuerpos practicaban toda clase de sensualidad. Pablo expuso la falsa filosofía de ellos (Colosenses 1:16; 2:8-23), como, también Judas (16-19) y Pedro (II Pedro 2:1-3).
E.     La aplicación práctica del gnosticismo (para la gran mayoría) era la sensualidad, porque afirmaban que el espíritu era puro e independiente del cuerpo, y que el cuerpo podía pecar porque era impuro de naturaleza. Según esta filosofía que pecara el cuerpo y que con este conocimiento podían ellos permitir que sus cuerpos practicaran tales cosas sensuales. ¿No les permitía así su conocimiento superior? Así razonaban y se gloriaban en su “gnosis.”
F.     Los nicolaítas eran llamados gnósticos por los escritores primitivos. Sus hechos u obras eran malos (Apocalipsis 2:6,15). Afirmaban que los cristianos no están bajo sistema de moralidad, sino libres de todo pecado y que por eso no podían pecar o ser castigados por pecados cometidos. Estos nicolaítas estaban muy activos en Éfeso y en Pérgamo, según Apocalipsis capítulo 2.  Juan en su carta denuncia la doctrina de los tales (1:8-10; 2:1-3; 3:4).

jueves, 16 de agosto de 2012

II Epístola de Pedro


I. La autenticidad de la carta

A.    La autenticidad de II Pedro carece de evidencia externa más que cualquier otra carta del Nuevo Testamento. 
1. En el principio no era aceptada generalmente como canóni­ca.  Muchos de los llamados "Padres Apostólicos" (los religiosos primiti­vos que escribían y comentaban sobre las Escrituras inspiradas) no cita­ron directamente de II Pedro, aun­que sí hay en los escritos entre algunos de ellos citas muy parecidas a textos en dicha carta.
2.  II Pedro era parte de la colección de libros llamada la antilegómena (palabra griega com­pues­ta de "contra" y "decir"; o sea, libros "disputados").  Los otros libros de esta colección eran He­breos, Santiago, 1 y 2 de Juan, Judas, y Apo­calip­sis). No eran libros rechazados, sino puestos en dudas.  Esta colección de li­bros no ha de ser confundida con la de los "espurios", libros que nunca llegaron a ser con­siderados como canónicos. Los manuscritos más an­tiguos sí contienen los libros mencionados arriba (la antile­gómena); son el Si­naítico (350), el Vaticano (325-350) y el Alejandrino (450). El concilio de Lao­dicea (año 366), el de Hipona (393) y el de Cartago (397) incluyeron a II Pedro en el canon de las Escrituras Sagradas.
B.    La evidencia interna de su autenticidad es de peso.
1.    Pedro reclama ser el au­tor, y se expresa en el v.1 en una manera en que ningún autor falso lo ha­ría.
2.    Dice en 3:1 que ya había escrito a los mismos lectores a quienes se diri­gió I Pedro.
3.    En 1:14-15 se identifica con el Pedro de Jn 21:18-19.
4.    Se inclu­ye con los demás apóstoles como testigo ocular de la transfigura­ción (1:16-17).
5.    Los dos libros tocan temas iguales: la segunda venida de Cristo (I Pe 4:5, II Pe 3:10), la inspiración de los profetas (I Pe 1:10-11; II Pe 1:20-21), y el evitar la mundanalidad (I Pe 1:22; II Pe 1:4).  En las dos cartas se encuentra la palabra griega rara traducida "virtud" (o excelencia). La re­fe­rencia a "nuestro amado hermano Pablo" corresponde a lo que diría el apóstol Pedro, mientras que un autor falso de tiempo más tarde se habría expre­sado, re­firiéndose a Pablo con títulos eclesiásticos comunes de la época (por ejemplo, "San Pablo").
C.   No hay nada de herejía en este libro, ni ninguna enseñanza que contradiga las verdades de los demás libros del Nuevo Testamento. Los libros apócrifos siempre llevan mucho detalle biográfico que obviamente son de la imaginación. No hay nada de esto en este libro.        
 
II. El autor de la epístola          

A.  Simeón Pedro reclama ser su autor (1:1). Orígenes (185-254) dice que Pedro dejó una epístola y que se admita que también otra.  Jerónimo (347-420), traductor de la Versión Vulgata, dice que Pedro escribió dos epístolas. Las referencias en esta epístola a la vida del autor concuerdan con el apóstol Pedro. El autor conocía a Pablo personal­mente y se consideraba como igual a él.        
B.    Si Pedro es el autor de II Pedro, entonces la autenticidad de la carta es innegable.

III. A quienes la escribió   

A.  En el principio de la carta no se nombran ningunos recipientes en particu­lar, pero II Pe 3:1 identifica los destinatarios como los mismos que se mencionan en I Pe 1:1-2. 
B.   Probablemente la segunda carta fue escrita desde Babilonia también (I Pe 5:13). 
C.   En realidad no hay información exacta sobre el particular.

IV. El propósito de la carta

A.   Como la primera epístola de Pedro consolaba a los hermanos en grandes prue­bas de la fe, debido a la persecución, la segunda muestra que la falsa doctri­na era un peligro tan grande para su fe como la persecución. 
B.   La segunda fue es­cri­ta para advertir en con­tra de los falsos maestros que ya iban aparecien­do, aunque el uso del tiempo futuro (2:1-3, habrá, introducirán, seguirán, ha­rán) indi­ca que la manifestación plena de sus errores todavía no había llega­do.
C.  La falsa doctrina combatida en esta epístola apunta a lo que más tarde vi­no a ser llamado el gnosticismo “Doctrina filosófica y religiosa de los primeros siglos de la Iglesia, mezcla de la cristiana con creencias judaicas y orientales, que se dividió en varias sectas y pretendía tener un conocimiento intuitivo y misterioso de las cosas divinas.” Este nombre se deriva de la palabra griega gnosis, que quiere decir “conocimiento.” Los gnósticos reclamaban tener un conocimiento superior a los demás. Usaban mal a Juan 17:3, reclamando que lo único importante era el conocimiento, y según ellos este conocimiento era la filosofía que abogaban. Su sistema era uno de intelectualidad y no de moralidad. Según ellos, las expresiones del apóstol Pablo respecto a “libres de la ley” quieren decir libres de toda restricción moral. La salvaguarda contra el error es el cono­cimiento que ha sido dado en el evangelio.  Los falsos maestros hablaban mucho acerca de su "conocimiento" ad­quirido por intuición (por eso eran llamados "gnósticos". En vista de esto, Pedro ahora escribe a los hermanos para confirmarles en la fe del evangelio, el "pleno conocimiento" de Jesucristo (1:2-3). Este es el tema principal. La palabra "conocimiento" aparece un buen número de veces en esta carta.
D.  Los falsos maestros que describe Pedro eran libertinos, radicales, y burla­dores. Ne­gaban la deidad de Jesús y la humanidad de Cristo. Eran sensuales, negando la realidad del pecado. Negaban la doctrina apostólica con referencia al fin del mundo. (Los evolucionistas de hoy hacen el mismo argumento que ha­cían los gnósticos, 3:4, llamándolo "el uniformitarianismo"). Abogaban por ideas y prácticas que más tarde caracterizarían al gnosti­cismo. Estos eran cristianos que habían bebido de la fuente de esa falsa filosofía.  Habían sido bautizados en Cristo, pero luego abandonaron la fe (comparemos II Pe 2:21-22, I Jn 2:18,19).  Pedro enfatiza que la destrucción de ellos es cierta, y exhorta a los hermanos a no caer en el error de esos inicuos.
E.  Pablo trata el mismo problema en (Col 2:8, 16-23), y recuerda a los hermanos que en Cristo uno es completo. Al cristiano no le falta ningún supuesto cono­ci­miento filo­só­fico humano.
F.   En su finalidad esta carta nos recuerda mucho de las advertencias de Pablo en tales pasajes como (Hch 20:29-31; Col 2:8; II Tes 2:3; I Ti 4:1-3; II Ti 3:1-4).

V. Tiempo de escritura

A.    Alrededor del 66 o 67 d. de J.C.
B.    Pedro ya era de grande edad cuando la escribió (II Pe 1:14; Jn 21:18-19).
C.   Se cree que Pedro fue muerto al fin del año 67, o a principios del 68, en el año decimotercero de Nerón.
D.  Si no todas, la mayor parte de las cartas de Pablo ya habían sido es­critas (3:15-16).  Estas cartas fueron escritas entre el año 62 (I Tes) y el 66 (II Tim).  Había pasado suficiente tiempo para que fueran pervertidas algu­nas de dichas cartas.
E.   Esta epístola, mayormente en el capí­tulo 2, trata los mismos problemas tratados en el libro de Judas, el cual fue escrito probablemente cerca del 65 d.C.
F.    La falsa filosofía del gnosticismo llegó a ser problema verdadero ya tarde en el siglo primero.
G.   Desde luego es imposible fijar una fecha exacta.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Primera epístola de Pedro




I PEDRO es una carta algo general para cristianos en un tiempo de persecución (4:12; 5:9).  La palabra "sufrir" sobresale en ella.  Fue escrita en el tiempo de Nerón, y el gran incendio de Roma, que ocasionó mucha persecución en contra de los cristianos de esa gran ciudad, y después en ocasiones en otros lugares del imperio romano.  Como una ola, la persecución iba pasando sobre los cristianos en una gran prueba de su fe.  Esta carta apunta al buen propósito de tales pruebas de la fe (1:6-7; 2:19-20; 3:14; 4:14); deben ser esperadas (4:12); deben ser sobrellevadas con pa­ciencia (2:23; 3:9); de ellas debe resultar gozo en el cristiano, al contemplar su participación en los padecimientos de Cristo (4:13).  El cristiano toma en cuenta la voluntad de Dios en este asunto de sufrir por Cristo (4:19).

I. El tema
A.    Como ya se ha notado, el tema del libro es el sufrir con paciencia la persecución que viene a consecuencia de ser cristiano fiel.  En cada capítulo de los cinco es tratado este tema de sufrir por Cristo.
B.    "Paciencia" y "esperanza" son palabras claves en esta epístola.
C.    Aunque Pedro escribió a cristianos de una región específica (1:1), el tema tratado es de aplicación universal.

II. El propósito
A.    Lo expresa Pedro mismo así: "os he escrito brevemente, amonestándoos, y testificando que ésta es la verdadera gracia de Dios, en la cual estéis"  (I Pe 5:12).  Pedro da testimonio de la verdadera gracia de Dios y exhorta a los hermanos a perseverar, a ser pacientes, al sufrir por Cristo las injusticias del hombre incrédulo.
B.    En II Pedro 3:1-2 Pedro menciona su propósito para las dos epístolas: "despierto con exhortación... para que tengáis memoria de...".  En la primera carta la exhortación tiene que ver con la persecución; en la segunda, con los falsos maestros.
C.    Pedro no trata en esta carta ningún problema principal de doctrina.  Su propósito es amonestar a sus hermanos que corren grandes riesgos en la vida física.

III. El autor de la epístola
A.    El autor reclama ser Pedro (1:1), "testigo de los padecimientos de Cristo" (5:1).  La evidencia que apunta a esta misma conclusión es abundante.
B.    Policarpo, discípulo de Juan y quien murió en 156 d. de J.C., atestigua a esta reclamación. Clemente de Alejandría (150-216 d. de J.C.) también afirma esto, como lo hace Eusebio, el historiador antiguo (260-340 d. de J.C.).  La iglesia primitiva reconocía que el apóstol Pedro era su autor.
C. Según la tradición el apóstol Pedro murió crucificado de cabeza.

IV. El tiempo en que la escribió
A.    La escribió antes de 70 d.C., cuando fue destruida Jerusalén, a lo cual Pedro se refiere en 2:12 y 4:7, 17. 
B.    Eusebio dice que Pedro fue muerto en el año decimotercero de Nerón (67-68 d.C.). 
C.    Las fechas atribuidas comúnmente a esta epístola varían entre 58 y 65 d.C.  Yo favorezco la fecha de 65.

V. Los destinatarios
A.    Los destinatarios de esta carta eran cristianos de cinco países, o provincias, de Asia Menor, o Anterior (modernamente, Turquía). El apóstol Pablo había establecido iglesias por esta región, y después envió cartas para allá  (Gálatas, Efesios, Colosenses), como también lo hizo Juan (Ap 1:11).
B.    Pedro no se dirige en esta carta principal o exclusivamente a cristianos judíos.  La expresión "expatriados de la dispersión" no ha de ser interpretado así.  Aunque Pedro escribe a personas judías, es evidente que lo hace tam­bién a no judíos, o sea a gentiles (2:10, 4:3). Escribe a "todos los que estáis en Jesucristo" (5:14). Es cierto que hace mención de los "gentiles" en particular (2:12; 4:3), pero se entiende que son gentiles incrédulos y mundanos.
C.    La segunda carta fue dirigida a los mismos recipientes (3:1).

VI. Lugar de escritura
A.    El lugar de redacción ha sido controvertido largamente.  5:13 dice, "La iglesia que está en Babilonia, elegida juntamente con vo­sotros, y Marcos mi hijo, os saludan".  Babilonia estaba situada en el Río Éufrates.  El pasaje así indica que este lugar literal es el punto desde donde Pedro escribió la epístola.
B.    Esta carta fue escrita a mediados de la década 60. Apocalipsis fue escrito en la década 90, y solamente en ese libro (altamente simbólico) se hace referencia a la ciudad de Roma con el nombre figurado de "Babilonia".  No hay evidencia del uso figurado de aquel nombre antes de aparecer el libro Apocalipsis.
C.    Había mucho judío allí desde el tiempo del cautiverio, y Pedro era apóstol a los judíos (Gal 2:7-8).  Muy probablemente llegó hasta allí con su predicación y obra en el evangelio.

Epístola de Santiago



I. EL AUTOR DE ESTA CARTA
1. El primer versículo de la carta dice: "Santiago, siervo de Dios y del Se­ñor Jesucristo", pero eso no le distingue de los varios llamados Jacobo o San­tiago en el Nuevo Testamento.
2. Jacobo, hijo de Zebedeo, y hermano de Juan, era uno de los doce a­póstoles (Mateo 10:2, Marcos 3:14-19, Lucas 6:13-16, Hechos 1:13). Este Jaco­bo fue muerto por Herodes Agripa I, como en el año 44 d. de J.C. (Hechos 12:1,2).
3. Jacobo, hijo de Alfeo, también era uno de los doce apóstoles. (Véanse los textos dados arriba). Era conocido como "el menor" (griego M­IKROS, pequeño, en estatura o edad) (Marcos 15:40). Era hijo de María (Mar­cos 15:40, Mateo 27:56), la esposa de Cleofas (o Alfeo) (Juan 19:25).
4. Jacobo, el padre de Judas (no Iscariote) el apóstol (Lucas 6:16). Nótese que la Versión Valera, Revisión de 1960, dice "Judas hermano de Jaco­bo", pero el texto griego dice literalmente, "Judas de Jacobo", y bien lo tra­duce la Versión Hispanoamericana, como también otras, "Judas el hijo de Jaco­bo".  Este Jacobo era el padre del apóstol Judas (diferente a Judas Iscariote).
5. "Jacobo el hermano del Señor" (Gálatas 1:19). (En el texto griego de esta referencia aparece la palabra misma para decir "hermano"). Los cuatro her­manos de Jesús son mencionados por nombre en Mateo 13:55 y en Marcos 6:3.  Jacobo era uno de ellos.  Durante el ministerio de Jesús era incrédulo (Juan 7:5), pero Jesús le apareció después de su resurrección (1 Corintios 15:7), y vemos que Jacobo ya era creyente y estuvo esperando con los demás dis­cípulos en Jerusalén  (Hechos 1:14).  Poco después de la muerte de Jacobo, hijo de Zebedeo (Hechos 12:2), este Jacobo (el hermano del Señor) tenía una posición o  reputación importante en la iglesia de Jerusalén (Hechos 12:17). Algunos le considera­ban como "columna" en la iglesia de Jerusalén  (Gálatas 2:9). Es cierto que tu­vo parte principal en la discusión en la iglesia de Jerusalén cuando se trató la cuestión surgida en Antioquia (Hechos 15:1, 2, 13, etcétera). Por última vez se men­ciona en Hechos 21:18, donde se infiere que todavía ocupaba una posición de pro­minencia en la iglesia.

II. ¿A QUIÉNES FUE ESCRITA ESTA CARTA?
"Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud" (1:1).
Hay tres posiciones tomadas respecto a los destinatarios originales de es­ta carta:
(1)  Los judíos todos (conversos e inconversos) que estaban dispersa­dos en las tierras de los gentiles.
(2)  La iglesia compuesta tanto de gentiles como de judíos, y llamada el Israel espiritual (Gál. 3:29, 6:16; Romanos 4:16, 9:6; Fil. 3:3, etcétera).
(3)  Los judíos cristianos dispersados fuera de Palestina.
          Es imposible que esta carta haya sido dirigida directamente a los judíos inconversos, porque las muchas referencias en ella a Jesús, y a la fe de la cual él es el autor, no lo permiten (1:1, 18, 25; 2:1, 12; 5:7, 8).
          Es cierto que la iglesia de Cristo, compuesta así de gentiles como de ju­díos, es llamada el Israel espiritual, pero esta carta no se dirige a los peca­dos peculiarmente gentiles (la fornicación, la idolatría, etcétera), sino a los de judíos (la jactancia, las riquezas, los juramentos, etcétera).
          Sin duda la carta fue dirigida originalmente a judíos, hermanos en la fe, que residían fuera de Palestina, pues tal es el significado normal de la pala­bra griega DIASPORA (dispersión). Esta palabra se emplea en otros dos pasa­jes: Juan 7:35 donde se usa en su sentido general o normal (de judíos esparcidos a través de los países paganos), y 1 Ped. 1:1, donde tiene aplicación es­piritual o figurada, aunque permanece la idea central de esparcidos o dispersados.
          Es interesante notar que mientras que la carta a los Hebreos fue dirigida principalmente a los residentes en Palestina, y la primera de Pedro a los de Asia Menor, ésta se dirigió a los dispersados en general. En las tres cartas el cristiano judío es tratado (aunque entiendo que los recipientes de la prime­ra de Pedro eran tanto gentiles como judíos de raza).
         Los recipientes de esta carta de Santiago eran judíos, como se nota en la manera de llamarse su sitio de reuniones: su sinagoga (2:2, texto griego). Pe­ro no eran judíos inconversos, pues en 5:14 se hace referencia a "los ancianos de la iglesia".
          Veremos a través de la carta algunas referencias a los judíos inconver­sos, pero la carta de por sí fue dirigida a judíos cristianos. ¡Qué cosa más espera­da cuando recordamos que Jacobo era "apóstol" enviado a la circuncisión!

III. ¿CUÁNDO FUE ESCRITA ESTA CARTA Y DESDE DÓNDE?
          Basándome en la persuasión de que el autor de esta carta es el mismo Jaco­bo referido en Hechos 15, podemos decir que la carta fue escrita desde Jerusalén,  el centro de actividad de este Jacobo. No hay evidencia que apunte a otro lu­gar.
          Respecto a la fecha de haber sido escrita, hay comentaristas que abogan por fecha tem­prana (como a mediados de los cuarenta del siglo primero). Creen que fue escrita antes del llamado "concilio de Jerusalén" (Hechos 15, 52 d. de J.C.) porque Santiago (Jacobo) no trata la cuestión del maestro judaizante (co­mo tam­poco ninguna otra cuestión en la hermandad).  Para ellos esto indica que la di­cha cuestión todavía no había surgido. Dado que la carta fue dirigida a cris­tianos judíos, se supone que todavía no había mucho converso gentil en la igle­sia; es decir, que la iglesia todavía se componía casi solamente de judíos. Ja­cobo ya desde temprano (Hechos 12:17) tenía la confianza de los hermanos ju­díos, y por eso bien pudo haber escrito la carta en fecha temprana (como para el año 45 d. de J.C.; Jacobo el hijo de Zebedeo fue muerto cerca del año 44). Si fue escrita como en el año 45 d. de J.C., esta carta es la primera escrita en orden cronológico de los veintisiete libros del Nuevo Testamento.
          Otros abogan por una fecha más tardía (62 d.C.).  Sus razones me han persuadido a m­í, aunque todos tenemos que admitir que ninguna conclusión en particular es ab­solu­ta o infalible.  Algunas razones de éstas son las siguientes:
(1)   Las condiciones de la hermandad judaica se habían desarrollado a un grado que requería años. Los recipientes de la carta no eran conversos nuevos.
(2)   La carta trata condiciones de hermanos judíos semejantes a las trata­das en 1 Pedro y en Hebreos, dos cartas cuyas fechas de ser escritas se ponen en la primera mitad de los años sesenta del siglo primero (1 Pedro, 65 d. de J.C.; He­breos, 63 d. de J.C.).
(3)   Las referencias a persecuciones, y el hecho de que la baja de fervor espiritual requiere el paso de un buen espacio de tiempo, indican una fecha tardía.
(4)   El autor no tuvo que identificarse, pues después de tantos años de bue­na reputación y aceptación entre los de su interés bastó decirles nada más que era Jacobo (Santiago).
(5)   Las guerras mencionadas en la carta (4:1) pueden apuntar a las que pre­ced ían la destrucción de Jerusalén  (referida en 5:1, 7, 8), cosa que sucedió en el año 70 d. de J.C. (la guerra con los romanos comenzó 3 años antes del 70).
(6)   Josefo, el historiador judío, dató la muerte de Jacobo en el año 63.  Eusebio, historiador del siglo cuatro, citando a Hegésipo, da una narración com­pletamente distinta, datando su "martirio" como en el año 69.  La narración de Josefo parece más creíble. El dice que los judíos, airados por el escape de sus manos de Pablo el apóstol, pues éste apeló a César y fue enviado a Ro­ma, diri­gieron su ira contra Jacobo y algunos otros. El sumo sacerdote les hi­zo traer ante el Sanedrín donde fueron acusados de transgresores de la Ley, y fueron con­denados a muerte y apedreados.  Se sabe por la fecha en que rigió el referido sumo sacerdote que esto sucedería en 62 o 63 d. de J.C.  Juntando es­tos datos, y circunstancias, se concluye que esta carta fue escrita poco antes de la muerte de Jacobo, o sea cerca de 61 o 62 d. de J.C.

IV. EL TEMA Y EL PROPÓSITO DE ESTA CARTA
A.    El Tema. El tema parece ser expresado en 1:12, "Bienaventurado el... le aman".  El cristiano, como hombre perfecto y cabal (1:4) soporta las pruebas de la vi­da, y de esto resulta la perseverancia.  El persevera en la perfecta ley de Cristo que le liberta de la condenación del pecado (1:25). Además este hombre agradable a Dios persevera hasta la venida de Cristo (5:7), teniendo una religión pura y verdadera (1:27). El tema, pues, es la fe durade­ra en presencia de toda clase de oposición y prueba. Esta fe ver­dadera es tam­bién productiva y no tan sólo profesional.
B.    El Propósito. Santiago escribió en un tiempo en que circulaban doctrinas falsas de ju­díos y de cristianos judaizantes. El expuso la falsedad de ellas, y escribió para advertir a sus hermanos en la fe respecto a dichos errores.  Los hermanos iban pasando muchas pruebas difíciles, debido a la persecución y a la tenta­ción de beber del espíritu revolucionario del judío inconverso para resolver los proble­mas de la época.  Santiago escribió para motivar a los hermanos a perseverar (tener paciencia) a pesar de las tribulaciones y tentaciones, para ser "perfec­tos y cabales", sin falta alguna en la vista de Dios. Escribió pa­ra enfatizar la verdad de que la conformidad a la ley de Dios es indispensable para la reli­gión verdadera, y para exponer la falsedad de la doctrina que afir­maba que la mera confesión de labios, sin su correspondiente vida de obedien­cia, bastaba pa­ra la justificación. Obraba en esos días un espíritu de revolu­ción, de parte de los judíos inconversos, pues ellos confiaban en que Dios les libertaría del yugo romano por medio de una insurrección armada, y el judío cristiano no estaba ex­ento de la tentación de pensar lo mismo. Santiago tuvo el propósito de exhortar y animar al creyente y de exponer y amenazar al que persistía en la incredulidad y en su propia justicia.

VI.  LA NATURALEZA DE ESTA CARTA
         Santiago es la escritura de carácter más judaico en el Nuevo Testamento. No es de extrañarse, recordando que Jacobo era "apóstol" enviado a la circun­cisión (Gálatas 2:19).  (Otras escrituras de carácter judaico: Mateo escribió para ju­díos; Hebreos fue escrito para judíos, como tal vez Judas; Apocalipsis abun­da en figuras del Antiguo Testamento).
          No menciona la encarnación ni la resurrección, y la palabra "evangelio" no aparece en su carta, pero sin duda se debe a que no trata el plan de salv­ación en Cristo Jesús. Ya hemos notado el tema y el propósito de esta carta. Jaco­bo se interesó en sus hermanos judíos, siendo él enviado a los de la circuncisión.
          Sus ilustraciones fueron tomadas del Antiguo Testamento, o de la vida dia­ria rural. Es muy semejante su carta al Sermón del Monte (Mateo 5-7). Hay co­mo diez paralelos entre ésta y él. Escribió informalmente, como si fuera pre­dican­do un sermón, en lugar de presentar un tratado formal de un dado tema. P­resentó una serie de exhortaciones, de advertencias, y de instrucciones. Dio consejos prácticos para problemas de día en día.  No escribió sobre cómo lle­gar a ser cristiano, sino cómo vivir el cristiano judío, dadas las circunstan­cias de aquel tiempo. Desde luego se le aplican al cristiano de cualquier ra­za en general, o bajo circunstancias parecidas.
El carácter judaico de la carta se nota en varias observaciones:
1.    El local para reunión es llamado "sinagoga" (2:2).
2.    Abraham es llamado "nuestro padre" (2:21).
3.    Dios es llamado según la expresión común en el Antiguo Testamento, "Se­ñor de los ejércitos" (5:4, véanse Romanos 9:29, Isaías 1:9).
4.    Se discuten pecados peculiares a los judíos: el amor del dinero y la distinción que el rico siente (2:2-4); la mundanalidad y la murmuración (4:11, 5:7-11); y los pecados de la lengua (3:1-12).
5.    Algunas ilustraciones son de personajes del Antiguo Testamento: Abraham (2:21), Rahab (2:25), Job (5:11), y Elías (5:17,18).
En verdad esta carta es de carácter judaico o hebraico.

VII. JACOBO Y PABLO
          Martín Lutero, protestando la doctrina de salvación por obras de mérito hu­mano, fue al otro extremo de la de la salvación por la fe sola. Pensó ha­llar su defensa en los escritos del apóstol Pablo, mayormente en Romanos 3 y 4.  No en­tendiendo bien, ni la doctrina de Pablo ni la de Jacobo, concluyó que Jacobo (Santiago) contradecía a Pablo, pues tuvo mucho que decir respecto a las obras (capítulo 2). Por eso acusó a la carta Santiago de ser una "epístola de paja, careciente de todo carácter evangélico".
          Pero no hay conflicto alguno entre Pablo y Santiago, ¡dos hombres inspira­dos!  Santiago, o Jacobo, ¡no era judaizante! como bien lo prueban los pasajes de Hechos 15 y Gálatas 2.  Es cierto que Jacobo, instrumento de Dios para la circuncisión, se interesó principalmente en sus hermanos judíos.  Era cosa na­tu­ral.  El vivía "como judío", pero vivir como judío (es decir, seguir costum­bres judaicas por ser un judío) era cosa de libertad para el individuo. En es­te sen­tido dijo Pablo el apóstol, también judío aunque apóstol a la incircunc­isión, "me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley" (1 Corintios 9:20). Pero ni el uno ni el otro abogaba por el judaísmo, o sea por la doctrina de que la justificación de los gentiles, como la de los judíos, dependía de hacerse ju­dío en la carne (por medio de la circuncisión).
          Los dos tuvieron dos metas completamente distintas al escribir las referi­das porciones de sus cartas. Pablo afirmó que no puede haber justificación de­lante de Dios a base de nuestras propias obras de obediencia porque no hay hom­bre perfecto; todos he­mos pecado. Cristo tuvo que morir por nosotros, y la fe en él es esencial para la justificación. ¡Somos salvos por la fe! Pero, pre­guntamos: ¿por cuál clase de fe? Jacobo (Santiago) contesta la pregunta, por­que él escribió para combatir la falsa doctrina del judío de que la justifica­ción se basaba en tener la confesión correcta (cosa que él profesaba tener, por ser ju­dío), aparte de la clase de vida que él viviera. ¡En ninguna mane­ra! Dijo San­tiago que no puede haber fe genuina que no produzca buenas obras, y que las bue­nas obras son las evidencias de que sí tenemos fe en Cristo, en Dios.
          Pablo no omitió obras (de obediencia), al hablar de la fe. ¡No afirmó sal­vación por fe sola! Habló y escribió acerca de la "obediencia a la fe" o "de fe" (Versión J. T. de la Cruz) (Romanos 1:15), y de ser creado el cristiano "pa­ra buenas obras" (Efes. 2:10). Pero su objeto fue combatir la doctrina ju­dai­zante de que uno se justificaba a base de ser judío, en quien Dios había de­pos­itado la ley (Romanos 2:17 y sig.; 9:4,5). Pero no era así; todos tenemos que ser salvos por el sacrificio de Jesucristo.  Por eso es esencial la fe en él.
          Santiago escribió a cristianos. No trató el punto de cómo llegar a ser cristiano. Condenó la profesión de labios (la fe sola), porque esa clase de fe es muerta.  La fe que justifica a todos, sea al inconverso que necesita cre­er en Cristo y obedecerle (Hebreos 5:8,9), o sea al cristiano ante quien Dios ha pues­to sus deberes, ¡es la que obra u obedece! Este es el punto de Santiago.
          ¡No hay contradicción alguna entre los dos escritores inspirados de Dios! La aparente contradicción existe solamente en las mentas de quienes no compren­den a Pablo, o a Santiago, o a ninguno de los dos.
          Es interesante notar algunas expresiones muy similares en las escrituras de ambos Pablo y Santiago.  Considérense  los siguientes:

         SANTIAGO     PABLO
         1:2,3            Romanos 5:3
         1:6              Efesios 4:14
         1:12             2 Timoteo 4:8
         1:15             Romanos 7:7,8
         1:18             Romanos 8:23
         1:21             Efesios 4:22
         1:22             Romanos 2:13
         2:5              1 Corintios 1:27
         2:23             Romanos 4:3
         4:1              Romanos 7:23
         4:12             Romanos 14:4; 2:1

VIII. Enseñanzas de Santiago
1. En cuanto a la palabra de Dios (Stg 1:18-24)
2. En cuanto a las pruebas y tentaciones (Stg 1:2-4, 12; 5:12), (1:13-17, 4:1-10).
3. En cuanto a la oración (Stg 1:5-7, 4:2-3, 5:13-20).
4. En cuanto a las buenas obras (Stg 2:14-26).
5. En cuanto a la lengua (Stg 3:1-12).
6. En cuanto a la sabiduría (Stg 3:13-18).
7. En cuanto a los ricos y pobres (Stg 1:9-11, 2:1-10, 5:1-6).

lunes, 28 de mayo de 2012

Epístola a los hebreos



I. El autor del libro
El autor de esta epístola neo testa­men­taria no se identifica en ella.  Saber quién la escribió es cuestión dificultosa. Aunque es im­posible determi­nar la cuestión con exactitud, a continua­ción doy las evidencias que apuntan a Pablo el apóstol como el autor de este libro.

A.    La iglesia antigua del oriente, en donde primero circulaba este libro, afirma­ba que era Pablo su autor.  Personas fa­mo­sas y conocidas, tales como Clemente de Alejandría (a fines del siglo 2), Orígenes (a principios del 3), y Eusebio, obispo de Cesarea en Palestina (a principios del 3), afirmaban tal conclusión.  (Eusebio es el bien conocido "historiador de la iglesia").
B.    La iglesia antigua del occi­dente al princi­pio no aceptaba la conclusión de ser Pablo el autor, pero desde el tiempo de Jerónimo (392 d. de J.) y Agustín  (354-430) vino a ser la conclu­sión general de la iglesia occidental, hasta el tiempo de la Gran Reforma Protestante.  (Martín Lutero re­chazó esta con­clusión, y hasta la fecha la mayor parte de los comentaristas alemanes la han rechazado).
C.    La palabra de bendición al final (13:25) es la que usa Pablo en todas sus  epístolas.
D.   Pedro escribió a cristianos judíos (cuando menos en parte), y se refiere a una epístola es­crita por Pablo a ellos (II Pe 3:15). 
E.    Fue escrito durante la vida de Pablo, pues todavía existía el templo en Jerusalén.  El autor era amigo de Timoteo (13:23) (Timoteo era el compañero continuo de Pablo), y estaba de prisio­nero en Italia (13:18, 19, 24).
F.    Este libro se incluyó en la versión de las Escrituras traducida al siríaco (hecha temprana en el siglo 2), y también en la an­tigua versión itálica.  Las inscripciones que acompañan a esta epístola en estas dos versio­nes traducidas atribu­yen al apóstol Pablo el ser el autor de ella. Ahora, consi­deremos brevemente las objeciones prin­cipales contra la conclusión de que es Pablo el autor de este libro.

1.    "Pablo firmó su nom­bre a las otras trece epístolas escritas por él, pero A Los Hebreos no trae su nombre".  En res­puesta a esto, se puede decir que omitió Pablo su nombre por razones de táctica, pues había contra él mu­cho prejuicio de parte de hermanos judíos resi­dentes en Palestina.  Pablo no quiso distraer del men­saje del libro, cosa que habría hecho tal vez, principiándolo con su nombre. (Se omite también el nombre del autor en las tres car­tas de Juan por razones descono­cidas).
2.    "Hebreos 2:3,4 indica que el au­tor no era apóstol, sino uno que ha­blaba según el testi­monio de otros". Es cierto que aquí en este pasa­je el autor emplea la pri­mera persona plural ("nosotros"), pero tam­bién lo hace en 6:1-3.  ¿Por eso se consi­dera el au­tor delincuente como ellos a quienes escribió?  ¡En ninguna manera!  Usa la pri­mera persona, así asociándose con sus lectores, para hacer más suave su admo­nición. También lo hace en el capítulo 2, deli­cadamente impresionando a sus lecto­res acerca de sus debe­res como cristia­nos de prestar atención a las cosas oídas (2:1) y de no descuidar (2:3). Habiéndose incluido con ellos en los primeros tres versículos, terminó el punto (3,4), usando la misma primera persona plural.
3.    El estilo del griego empleado en la composición de esta epístola no es el de Pablo".  Se admite que el estilo de esta epís­tola en el grie­go es sublime, pero no hay evidencia suficiente para hacer de esta ob­jeción un caso contra Pablo como el autor. Pudo haber usado Pablo un ama­nuense, como Lucas, quien como hombre tam­bién inspirado podría haber escogido palabras o frases según su estilo.  Pero, todo esto es conje­tura y no comprueba nada a favor o en contra.

G.   En conclusión, podemos decir que las mu­chas evidencias favorecen la opinión de que Pablo es el autor, aunque es una cues­tión que no puede ser decidida sumaria y decidida­mente.

II. A quienes fue dirigida la carta
Como con la cuestión de quién es el au­tor de esta epístola, así con está; es imposi­ble saber con exactitud a quiénes fue diri­gida originalmente.  Pero es evidente que los reci­pientes originales eran cristianos judíos de al­guna parte.  Algunos comenta­ristas modernos opinan que fue escrita a los hebreo converti­dos residentes en Roma e interpretan 13:24 de tal manera que tienen al autor saludando a esos hebreos de parte de italia­nos que estaban con él.  Pero la conclusión más aceptable y proba­ble del asunto es que fue escrita a los hermanos judíos residentes en Judea, y po­siblemente en Jerusalén en particular.  Para esta con­clusión sugiero las razones siguientes:

A.    Aunque no dice el texto mismo de la epístola a quiénes se dirige, la frase "a los he­breos" fue antepuesta a esta epístola en la anti­güedad, posiblemente antes del fin de la época apostólica.  Así vemos cuál era la opinión de los antiguos sobre el asunto.  Esta dedicatoria apare­ce en todos los ma­nuscritos griegos anti­guos y en la mayor parte de las versiones (traducciones a otras lenguas) antiguas (como por ejemplo, en la versión Siríaca y en la Itálica).
B.    Todos los llamados "Padres Eclesiásticos" concuerdan en la conclusión de que fue escrita a los hermanos hebreos resi­dentes en Palestina.
C.    El nombre "hebreo" aparece tres ve­ces en el Nuevo Testamento (Hechos 6:1; II Co 11:22; Fil 3:5).  Los judíos de Palestina, que hablaban todavía el hebreo o más bien, el ara­meo, una corrupción del he­breo, se distinguían a los de habla griega, resi­dentes en países de in­fluencia griega.  Estos últi­mos eran llamados "helenistas" (de la pala­bra griega para indicar lo que era griego).  En Hech 6:1, los "griegos" son los judíos hele­nistas, y los "hebreos" los de habla he­brea y residentes locales en Judea.  Eran to­dos estos cristianos, pero judíos (de raza) de distintos orígenes.
D.   La evidencia interna de la epístola apunta a esta conclusión como correcta, y se armoniza bien con ella, de que los reci­pientes principales de esta epístola eran los "hebreos en Judea."

III. Fecha y lugar de escritura
La conclusión, de que esta epístola fue es­crita desde Roma cerca de 63 d. de J., pronto después de libertado Pablo de la prisión la pri­mera vez, se basa en las obser­vaciones si­guientes:

A.    5:12 y 10:32-34 indican que había pa­sa­do bastante tiempo desde su conversión a Cristo.  No fue escrita, pues, temprano en el siglo pri­mero.
B.    Pero la nación judaica, destruida en 70 d. de J., todavía estaba en vigor y los servi­cios del templo todavía se celebraban, según está indica­do en tales pasajes como 8:4; 9:9,25; 10:11; 13:10.
C.    Las epístolas Efesios, Filipenses, y Colosenses fueron escritas por Pablo du­rante su encarcelamiento en Roma.  Timo­teo estaba con él. Pero en Fil 2:19-23, ve­mos que Pablo iba a enviar a Timoteo a los filipenses. En He 13:23 vemos que Timo­teo ya estaba ausente de Pablo ("está en libertad", dice la versión Revisada, pero también se puede tradu­cir "enviado". Pablo espe­raba la vuelta de Timoteo para hacer viaje con él hasta los he­breos para verles.  Parece, pues, que Pablo es­cri­bió esta epístola poco después de li­bertado de la prisión (según Fil 1:21-26 y 2:24 Pablo esperaba ser libertado de su primer encar­celamiento).
D.   He 13:24 indica que fue escrita desde Roma.  Escribiendo a los corintios desde Éfeso, Pablo dice "Las iglesias de Asia os sa­ludan" (II Co 16:19.  Ahora a los hebreos en­vía saludos desde Roma (o Italia), di­ciendo, "Los de Italia os salu­dan".

IV. El tema, la naturaleza, y el objeto de la carta
A.    El tema es la gloria y excelencia de Cristo Jesús y del Nuevo Testamento. La natu­raleza de esta epístola es exhortatoria (13:22).  El objeto es evitar la apostasía al judaísmo (a la "fe de sus padres") y así con­firmar la fe de los cristianos judíos 3:6,14; 4:14; 10:23), por medio de un gran contraste entre los dos Testamentos.
B.    Los capítulos 6 y 10, en particular, son ad­vertencias contra el volver atrás.  Estos cris­tianos hebreos confrontaban dos peli­gros muy grandes: la propaganda seduc­tora de los judai­zantes (los que abogaban por la esencialidad de guardar la ley de Moisés para ser salvos, Hch 15:1,24; etc.), y la persecución de parte de ju­díos incrédu­los (Hechos 8:1-3; I Te 2:14-16; etc.).
C.    El tema de esta epístola desarrolla la relación entre los dos Testamentos.  El Antiguo (la ley de Moisés) era solamente una sombra del Nuevo.  El perdón por medio de sacrificios de animales, el sacer­docio y los servicios del tabernáculo y del templo, eran solamente típi­cos, apuntando al Nuevo Testamento en el cual estas cosas halla­rían su realidad.
D.   Esta epístola tiene por propósito, pues, exhortar.  Es un libro de motivos.  En página tras página se le presenta al cristiano he­breo las razo­nes por qué debe perseverar en la fe hasta la con­sumación de su carrera en Cristo (13:20-23).  No escribió el autor a judíos inconversos, para con­vertirlos (aun­que la argumentación en esta epís­to­la basta para esto), sino a judíos converti­dos en cristianos para que no se aparta­ran de la fe en Cristo por medio de la incredu­lidad (3:12).
E.    Muchos hermanos judíos comenzaron a ra­zonar que la diferencia entre el judaísmo y el cristianismo no valía el costo, pues eran perse­guidos casi de continuo.  Esta es la ocasión que se le presentó al autor para que escribiera esta epístola. En ella, pues, mag­nifica la superiori­dad de la ley de Cristo sobre la de Moisés.
F.    Esta epístola prueba lo que los doctos de entre los judíos incrédulos negaban; a saber, que Jesús de Nazaret, crucificado por ellos, es el Mesías  (el Cristo),  y  por  consi­guiente el Hijo de Dios, y que su evangelio es esencial para la sal­vación de todo hom­bre, inclusive el judío que se gloriaba en ser descendiente de Abraham.  Esta epístola  proporcionó a los hermanos judíos per­se­guidos y tentados los ar­gumentos necesa­rios para refutar a sus opo­nentes a darles completo triunfo en sus batallas con ellos.

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